Obama se enfada con la actitud pasiva de Ankara

m. gallego n. york / colpisA

INTERNACIONAL

09 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Dos meses después de que los aviones estadounidenses volvieran a bombardear Irak, los mandos del Pentágono, que ayer recibieron a su comandante en jefe para evaluar la operación, veían un panorama muy gris. El Estado Islámico (EI) ha ganado terreno y está a punto de tomar Kobani. El portavoz del Pentágono, John Kirby recordó que no se puede derrotar al EI desde el aire, pero Barack Obama dejó claro una y otra vez que no pondrá botas estadounidenses sobre el terreno. Esa labor quiere que la haga cualquier otro, ya sea el Ejército iraquí, que ha huido en espantada, los rebeldes moderados sirios, a los que tardará años en entrenar, o las tropas turcas, cuyo Gobierno no está dispuesto a intervenir.

La impasibilidad de Turquía ante la inminente masacre que se producirá en Kobani es una de las cosas que tiene airado al Ejecutivo de Obama. Obama envió a altos cargos del Departamento de Estado a Ankara para determinar con exactitud cómo puede ayudar el Gobierno turco en la guerra contra el EI. Erdogan ha pedido que se establezca una zona neutral en la frontera, pero aunque Francia y el Reino Unidos dicen estar dispuestos a considerarla, el Pentágono cree que sería algo muy difícil y costoso de mantener.

Aviones de la coalición volvieron a atacar Kobani para apoyar a las unidades de protección del pueblo kurdo (YPG). Los bombardeos de ayer sí resultaron «útiles», pues contribuyeron a que los yihadistas retrocedieran ante el empuje de las YPG.