El siguiente acto de la tragedia

INTERNACIONAL

Dos seguidores de Syriza piden el cambio en Grecia para que cambie Europa.
Dos seguidores de Syriza piden el cambio en Grecia para que cambie Europa. Yannis Behrakis < / span>reuters< / span>

El posible triunfo de Syriza sería la culminación de una secuencia casi inexorable

25 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Rara vez unas elecciones producen cambios radicales. Para eso son, precisamente, para gestionar con calma las tensiones sociales. Es una idea vieja griega que ha tenido éxito. Y las elecciones de hoy en la propia Grecia no van a ser diferentes. A lo largo de la larga tragedia económica de ese país se han ido acuñando incontables clichés periodísticos, aprovechando la gran cantidad de términos griegos que salpican nuestros idiomas. Uno de esos clichés es, precisamente ese: «la tragedia griega». Es muy posible que el tópico de la resaca tras las elecciones de hoy acabe siendo este otro: «anti-clímax».

Se espera mucho, bueno o malo, de la posible victoria de la coalición de izquierda Syriza en las elecciones que tienen lugar hoy. Pero, si esto resulta así, no será ningún terremoto político ni un vuelco espectacular sino la culminación de una secuencia casi inexorable. Independientemente de lo que se piense del plan de rescate a Grecia o de la austeridad impuesta desde Bruselas, incluso al margen de si se cree que ha tenido algún éxito o no, el hecho es que es una política que ya no da más de sí.

Si ahora le toca gobernar a Syriza es, simplemente, porque ya se ha probado todo lo demás. Lo único que le impidió ganar las anteriores elecciones fue su amenaza de abandonar el euro, que tentaba y asustaba a muchos griegos. Eliminado ese punto de su programa, la coalición que encabeza Tsipras tiene ya expedito el camino al poder. Lo que propone ahora, la reestructuración de la deuda, no es un acto revolucionario sino una necesidad contable: asciende ya a un insoportable 175 por ciento del PIB. Bruselas y Berlín hacen su papel al fruncir el ceño y hablar de la necesidad de respetar las reglas de juego, pero en el fondo saben que, incluso si el actual primer ministro Samarás se mantuviese en el poder, la deuda tendría que ser renegociada de todos modos. Otra cosa es que vaya a ser fácil. No lo será. Los acreedores internacionales no dejarán escapar a Grecia así como así, y la Unión Europea también se lo pondrá difícil a Atenas porque sabe que lo que se ahorre no iría, como quiere Bruselas, a seguir reduciendo el déficit sino a gasto social. Esa es la promesa que ha hecho Syriza a los votantes y, en el fondo, lo único que estos esperan de su gestión: un programa de salvamento para los que han sido golpeados por la crisis y la austeridad.

Como siempre con Grecia, el problema no son los números, porque la economía griega es pequeña, sino el precedente. Bruselas teme que el ejemplo haga que países como España o Portugal, que también tienen elecciones a la vuelta de la esquina, aflojen el paso en su marcha hacia el mítico 3 por ciento. Pero lo cierto es que lo harán de todos modos según se vayan acercando esos comicios en cada país. Debido a su propia experiencia profesional, en Bruselas siempre se olvidan de este detalle de que los gobernantes tienen que responder ante los ciudadanos. Afortunadamente, de vez en cuando, unos comicios aquí o allá se lo recuerdan y nos lo recuerdan a todos: que son los ciudadanos, al menos en teoría, quienes tienen la potestad de elegir qué políticas son las que quieren.