Aunque se presente como una iniciativa de alto el fuego, lo que está buscando Angela Merkel en nombre de Ucrania es un acuerdo de paz
08 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Aunque se presente como una iniciativa de alto el fuego, lo que está buscando Angela Merkel en nombre de Ucrania es un acuerdo de paz, o si se quiere, una capitulación con condiciones. Un alto el fuego ya se firmó en su momento, en septiembre en Minsk. Pero el Gobierno ucraniano, dividido entre radicales y moderados, se lo pensó mejor y decidió romper la tregua para jugarse el todo por el todo en una última ofensiva. El resultado fue un desastre. Con el apoyo logístico de una Rusia que se sentía engañada, fueron los rebeldes quienes propinaron una derrota humillante al Ejército gubernamental. Desde entonces no han dejado de avanzar. Su reciente conquista del simbólico aeropuerto de Donetsk y su avance hacia la estratégica Mariúpol han terminado de desmoralizar a Kiev, cuya economía se encuentra en una situación aún más desesperada que sus tropas: ya solo le quedan reservas de divisas para cinco semanas de importaciones y su moneda se ha depreciado a la mitad en dos días. Ucrania está al borde de la bancarrota. Se entiende que el presidente, Petro Poroshenko, haya accedido a la mediación alemana.
Aunque no se sabe en qué consiste la propuesta de paz, el presidente francés Hollande, al que Merkel ha pedido que la acompañe para evitar la impresión de una negociación Berlín-Moscú, ha dejado caer la idea de federalizar el país. Esto es lo que reclamaban los rebeldes, lo que en su momento recogía el acuerdo de Minsk y lo que hizo que Kiev se echase atrás. Para Poroshenko es una píldora amarga porque la federalización, aunque no suponga la desmembración del país, implica compartir con los prorrusos las futuras decisiones en política exterior, lo que hará muy difícil, quizás imposible, que el país se una a la UE y a la OTAN. Esa es la razón por la que Putin lo prefiere a una anexión. Mirar hacia Rusia o hacia Occidente: ese es el dilema que desencadenó la guerra y que la guerra no ha resuelto. Probablemente tampoco lo resolverá la paz; como mucho permitiría gestionarlo.
En todo caso, el éxito o fracaso de la mediación de Merkel depende ahora, sobre todo, de Poroshenko, de si se decide a aprovechar esta segunda oportunidad después del fallido acuerdo de Minsk o de si vuelve a caer en la tentación de confiar en la macabra lotería de la guerra. EE.UU., que no ve este conflicto como lo que es (una guerra civil), sino exclusivamente como una segunda guerra fría, se ha ofrecido a proporcionarle armamento más moderno, y puede que Poroshenko se lo piense de nuevo. Parecía que era a él a quien Merkel miraba fijamente cuando hablaba ayer en Múnich. La canciller rechazó rotundamente la idea de que enviar más armas a la zona vaya a servir para mejorar la situación. Hubo un aplauso general entre los asistentes. Pero el vicepresidente norteamericano, Biden, que estaba allí, no movió las manos. Ni tampoco Poroshenko.
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Putin prefiere la federalización de Ucrania, porque el este frenaría la entrada en la UE