Estas ya son las aguas de Draghi

INTERNACIONAL

28 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El club del euro, club con mucho formulismo que cumplir para entrar pero sin fórmula alguna para salir, se enfrenta a su momento más delicado. Ahuyentados los brutales ataques especulativos de hace dos años a la moneda común, encauzados los rescates de Irlanda, España y Portugal, solventado el lamentable (por su gestión temeraria) episodio chipriota, solo el fantasma griego amenazaba. La teoría general decía que las negociaciones entre la troika y Atenas (las sucesivas ampliaciones del rescate) se resolvían sobre la bocina. Incluso, que una salida de Grecia del euro (el Grexit) no tendría impacto: una economía que apenas representa el 2 % de la eurozona no tumbaría al 98 % restante. Puro ruido. 720 de los 899 analistas consultados por Barclays esta misma semana consideraban el Grexit un mal menor.

Eso era lo que se decía ayer. Difícilmente se sostiene hoy, cuando la eurozona, todo el proyecto europeo, tiembla ante el impago griego y la ruptura de toda negociación. Vencida la política, solo hay interrogantes. ¿Cómo se articulará el default? ¿Qué votarán exactamente los griegos en su referendo, si no hay nada que pactar? ¿Se podrán pagar pensiones y salarios públicos en Atenas? ¿Qué harán los mercados? ¿Abrirán los bancos? ¿En qué punto se ha enquistado esto? Entramos en lo que hace apenas 10 días vaticinaba Mario Draghi: «Las aguas desconocidas». Le tocará actuar de nuevo al guardián del euro, si las autoridades comunitarias se lo permiten, para inyectar liquidez extraordinaria para mantener la operativa de la banca griega ante la previsible retirada masiva de depósitos de particulares; ante el pánico. De enero a julio, se han esfumado más de 40.000 millones de euros, el 22 % de su PIB. No hay soporte para esto. ¿Podrá aplacarlo el tecnócrata italiano?

Más. ¿El impago del martes es el primer paso para el Grexit? Es más que posible, visto el enconamiento de ayer, cuando en una cumbre oficial de la eurozona ya no se permitió entrar al ministro Varufakis, como un ajeno al resto del club.