Querer contar, a pesar de todo

laura fernández palomo AMÁN / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

23 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Sobre lo que ha ocurrido en Siria durante estos cuatro años, hemos podido tener conocimiento a través de los arriesgados informadores locales y, en los países occidentales, principalmente gracias a los freelances (autónomos), gran parte de ellos españoles, que atravesaban la frontera de forma voluntaria para informar. Más de una treintena de periodistas y fotógrafos españoles se la han jugado para entrar en la zona rebelde; vigilado y censurado como estaba el territorio oficial, controlado por el régimen Bachar Al Asad, que ponía un policía detrás de los pies de cada periodista que entraba con visado.

Siria es un territorio vedado desde que las revueltas devinieron en un cruento conflicto en el que en la oposición, que al principio daba cobijo a los periodistas, se han infiltrado ramas radicales y yihadistas, entre las que se encuentran el Estado Islámico o filiales de Al Qaida, como Al Nusra, que controla la mayor parte de la zona donde han desaparecido los tres periodistas españoles. De protegidos han pasado a ser considerados espías o, con el EI, monedas de cambio de suculentos rescates y, en el peor de los casos, protagonistas de los vídeos con los que aterrorizan al mundo.

Al menos 25 informadores, nueve de ellos locales, podrían estar secuestrados, según Reporteros sin Fronteras (RSF). Los últimos, tres españoles, un japonés de 41 años y un sirio (el fixer, que trabajaba de guía) evaporados en la peligrosa región de Alepo.

No son los medios de comunicación quienes facilitan la entrada ni las condiciones de seguridad que Reporteros sin Fronteras aconseja, sino los mismos profesionales, que suelen costearse sus viajes a zona hostil. Casi sufragan hasta sus crónicas, que, como ha denunciado Antonio Pampliega, se pagan a una media de 35 euros en las versiones digitales de los periódicos nacionales. No son enviados especiales, por los que han dejado de apostar los medios por motivos de seguridad, sino freelances. RSF facilita un teléfono de 24 horas de asistencia y seguro a un bajo precio, además del indispensable casco y chaleco que, al parecer, tenían los españoles desaparecidos (Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre), habituales colaboradores en zonas de conflicto.

Siria se ha convertido en un agujero negro informativo. El secuestro trae a la memoria el vilo con el que se vivió la desaparición de los periodistas Javier Espinosa, Marc Marginedas y el también freelance Ricard González, que los medios consensuaron silenciar para facilitar su rescate. En esta ocasión, la prensa decidió hacer pública la desaparición a pesar de que los familiares solicitaron lo contrario.