Hasta mediados de mayo participaron en Mali más de 80 efectivos de la Brilat de Pontevedra en una decena de misiones contra el yihadismo, la piratería y el narcotráfico
20 nov 2015 . Actualizado a las 15:24 h.La expansión del terrorismo yihadista en el Sahel (Mauritania, Mali, sur de Argelia, Libia y Egipto) y el auge de las mafias que trafican con personas y drogas son los fenómenos más preocupantes y los principales motivos por los que la presencia militar española en África no había sido nunca tan importante como hasta la fecha.
De las réplicas de este polvorín no se escapa la UE y sus espacios de seguridad en el Mediterráneo, sobre todo, y en el Atlántico. La consecuencia es el exponencial incremento de las misiones militares de la UE desde el 2013, donde nuestras Fuerzas Armadas están jugando un papel destacado o de apoyo a las intervenciones de Francia. En la actualidad alrededor de un millar de efectivos participan en una decena de operaciones terrestres, aéreas y navales desplegadas en territorio africano.
Malí
Formación y asesoramiento. España contribuye con 122 militares del Ejército de Tierra desplegados entre Bamako y Koulikoro, centro de entrenamiento, de los 539 efectivos de 24 países europeos. Las rotaciones son de seis meses, no se llevan a cabo tareas de combate. «El Sahel es una línea de fractura entre el norte árabe y el sur africano, su compleja situación es un caldo de cultivo del terrorismo. Malí es el epicentro. Allí se juega nuestra seguridad y su estabilidad es una forma de detener el terrorismo yihadista», aseguraba el teniente general Juan Campins, segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, en un reportaje publicado a finales de este verano.
A mediados de mayo del 2015 regresaron a Galicia unos 80 militares, todos de la Brilat de Pontevedra, que se encontraban en Mali desde el 2013 con la misión de dar estabilidad a los países afectados por la amenaza yihadista.
Una brigada española, en la lucha contra el Estado Islámico
La misión de la coalición internacional liderada por Estados Unidos que combate al Estados Islámico en Irak y Siria, en la que España aporta 300 militares, comenzó en febrero pasado con el objetivo de adiestrar hasta octubre a 10.000 soldados de 12 brigadas, nueve iraquíes y tres de los peshmergas kurdos, para recuperar el terreno cedido a Daesh. El plan de formación incluye técnicas de combate, desactivación de explosivos o conducción de vehículos especiales.
Tras cinco meses de estancia, más de 200 militares españoles de la Bripac relevaron en julio a los legionarios en la base de Besmayah, a 60 kilómetros al sureste de Bagdad. Les acompañan 70 ingenieros para acondicionar el acuartelamiento Gran Capitán (45.000 metros cuadrados con capacidad para 450 personas). El objetivo marcado es instruir a una de las 12 brigadas de infantería, formada por 1.700 soldados iraquíes. De forma permanente, 30 boinas verdes se encargan de la formación de las fuerzas de operaciones especiales y las unidades de élite de la Policía iraquí en un recinto del aeropuerto de Bagdad. Hasta la fecha han adiestrado a 200 soldados y 75 policías. Además de los cursos de comando, se les enseña tiro de precisión, manejo de armas pesadas, procedimiento de enlace y primeros auxilios.
De igual forma, otros 35 militares españoles llegaron en mayo al centro de adiestramiento de Taji, dirigido por Australia y que se encuentra 15 kilómetros al norte de Bagdad. El cometido es similar al del centro de Besmayah. El despliegue será de seis meses ampliable y su coste estimado es de 35 millones. A diferencia de las operaciones africanas, esta misión se centra en exclusiva en el califato de Daesh. En recuperar el terreno perdido -unos 95.000 kilómetros cuadrados, una extensión similar a Castilla y León- y estabilizar esta zona estratégica por sus recursos energéticos.