«La guerra no va a parar hasta que Bachar al Asad esté fuera del poder»
INTERNACIONAL
La Voz contacta con un sirio que volvió a Alepo para contar la vida de los civiles
21 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Lo hizo con miedo, lo reconoce, pero se arriesgó; el periodista y activista sirio, Rami Jarrah, decidió volver a la ciudad de Alepo al sentir que había «una gran diferencia entre lo que pasaba y lo que se estaba contando» de la guerra en Siria. Los cazas rusos y del régimen sirio de Bachar al Asad siguieron bombardeando este ciudad que se disputan el régimen, distintos grupos opositores y el Estado Islámico (EI), pese al acuerdo que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas alcanzando el pasado viernes para iniciar una transición democrática que termine con el conflicto.
«Aquí nadie cree en la política internacional; la resolución se ha recibido con incredulidad», revela. «Sobre todo porque desde hace tres días las bombas caen cerca de mercados y zonas civiles, como si quisieran forzar a los residentes a abandonar estos vecindarios», narra desde Alepo en una conversación vía Internet que se entrecorta debido a los fallos en el suministro de electricidad, que funciona gracias a la venta de diésel por parte del Estado Islámico (EI).
Rami Jarrah se refugia hoy con una brigada de la coalición rebelde del Ejército Libre Siria, a pocos kilómetros de Daesh [acrónimo en árabe del EI], que controla un territorio colindante a Alepo, y de los combatientes del Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaida.
Preso del régimen
Aún así, lo que más teme son las embestidas de Al Asad, como parte del recuerdo de aquellos días del año 2011 cuando estuvo preso en una cárcel del régimen. «Me dijeron que tenían a mi mujer y a mi hija, de tan solo tres semanas, y que las habían violado». Les creyó. Tras pasar tres días pasó durmiendo en una celda, fue liberado. Pero antes se vio obligado a firmar un documento en el que reconocía ser un «terrorista».
Entonces cogió a su familia y huyó a Turquía. Durante estos años y bajo el seudónimo de Alexánder Page ha contado estos años desde el exilio la impotencia de sus compatriotas. Pero necesitaba explicar más, «arrojar contexto», y decidió volver a Siria. Su mujer y su hija se han quedado allí.
Hoy es el único periodista que narra la guerra desde Alepo. En una burbuja bajo el bando rebelde en la que se siente «más o menos protegido», pero donde viven presionados por el control de los canales de distribución en manos de Daesh y la lluvia de proyectiles de Al Asad, y su aliado ruso. «Les están forzando a elegir entre dos dictaduras», resume.
En su empeño de humanizar el conflicto, ha llenado su perfil de Facebook de rostro e historias sirias que rescata cada día y publica bajo la etiqueta de Syria speaks (Siria habla). Ya comenzó a hacerlo desde la seguridad de un apartamento en Turquía y, después, en Egipto, cuando cofundó la agencia de noticias de periodismo ciudadano sirio, New Media Association (ANA), pero hace seis semanas que lo hace desde el frente. Alquiló una casa en el centro de Alepo, y con más temor que valentía, ha decidido quedarse. Cocina poco, «aunque los productos que llegan siguen siendo de buena calidad», asegura, pero ha de aprovechar las pocas horas de electricidad que permite el generador para difundir «las historias importantes, la de los civiles».
«Esto no va a parar hasta que Al Asad esté fuera de todo», concluye aprovechando el debate que ha generado la resolución de las Naciones Unidas que contempla unas elecciones en Siria en el plazo de dieciocho meses. «Pero si se les da a elegir solo entre formas de dictaduras, sea el régimen sirio o Daesh y no se cumple la lista de demandas que mantienen empezando por sacar a Bachar al Asad del poder, estaremos fomentando el terrorismo», valora convencido.
«No estamos contando que hay grupos que se oponen a las dos opciones y seguimos obligándoles a una elección ficticia», defiende desde Alepo, donde pretende darles voz.