Francia aspira a convertirse en el primer socio político y económico en Europa de la isla
02 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.François Hollande desplegó ayer su alfombra más roja para recibir con todos los honores en visita de Estado a su homólogo cubano Raúl Castro y facilitar con una docena de acuerdos comerciales la progresiva apertura del régimen comunista a la economía de mercado. En su flamante papel de embajador occidental de los intereses cubanos, el presidente francés emplazó a su colega de EE.UU., Barack Obama, a «ir hasta el final» de la lógica de deshielo con La Habana y levantar el embargo para «acabar con este vestigio de la guerra fría». Lo hizo ante un huésped tan emocionado que le dio las gracias en inglés. «Thank you» en vez de «merci». «Viva Cuba», se le había oído exclamar al anfitrión en los pasillos del Elíseo tras el caluroso recibimiento a Castro.
Es la hora de pasar factura. Francia aspira a convertirse en el primer socio político y económico en Europa de la isla para hacer valer su influyente papel en la reestructuración por el Club de París de una deuda cercana a los 10.200 millones de euros con catorce países. Tras una hora de cordial entrevista, Castro firmó el primer acuerdo bilateral con Francia en la devolución de la histórica visita en mayo último de Hollande, primer mandatario occidental que acudió a Cuba tras el fin de la glaciación con Washington. Mediante el convenio París crea un fondo de 212 millones de euros, la mitad de la deuda cubana pendiente, para financiar programas conjuntos de desarrollo.
También se concretó la apertura en el primer semestre del año de una oficina en La Habana de la Agencia Francesa de Desarrollo, dependiente del Estado, que se encargará de identificar las oportunidades de negocio para las empresas galas. En Cuba operan ya firmas como Pernord-Ricard, Accor, Bouygues, Total, Alstom, Air France o Alcatel-Lucent.