
Armenia: el control del poder amenaza las relaciones con Moscú y Ankara
03 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Armenia es un pequeño país de apenas 30.000 kilómetros cuadrados (17 veces menos que España) con una población de 2,9 millones de habitantes que ha sido siempre un satélite de Moscú. Su situación estratégica, entre Georgia e Irán, en la zona de paso de los oleoductos de Azerbaiyán hacia Turquía, potencian su papel de aliado de Rusia, de la que se independizó formalmente en 1991, tras la perestroika de Gorbachov. En su territorio conserva una gran base militar rusa, pero desde la independencia ha intentado mantener siempre buenas relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.
LOS ENEMIGOS
Turquía e Irán. En un entorno donde predominan los musulmanes, la inmensa mayoría de los armenios son cristianos, lo que ahonda la brecha con Turquía y, sobre todo, con Irán. El principal conflicto abierto de Armenia es con Azerbaiyán a cuenta del enclave del Alto Karabaj, que ambos estados se disputan desde el fin de la URSS. Armenia, con el respaldo de los rusos, apoyó el intento de secesión de esta región de mayoría de esta etnia y el territorio enclavado dentro de las fronteras azerbaiyanas vive episodios bélicos recurrentes.
EL PAPEL DE MOSCÚ
Preocupados por la corrupción. La clave principal del giro del Partido Republicano tiene que ver con la inhibición de Moscú. «Nada de lo que ocurre en Armenia sucede sin autorización de Rusia», cuenta un empresario español con intereses en este país. Vladimir Putin es especialmente cuidadoso con sus aliados más cercanos y no puede permitirse perder una pieza estratégica clave en el área, una cuña entre Irán y Turquía, los dos gigantes que pugnan por la hegemonía política y territorial. Estados Unidos ha estrechado relaciones con Ereván en los últimos años, pero su influencia es reducida. Rusia no quiere que el protagonismo de Washington crezca con un cambio de actores políticos. Algunos analistas locales aseguran que la caída de Serhz Sarkisián tiene que ver precisamente con la inhibición de Rusia, alarmada ante la galopante corrupción del régimen y la creciente desafección popular.
LOS LÍOS INTERNOS
Un personaje polémico. Nikol Pashinián, el futuro primer ministro, ha sabido explotar a la perfección el manual del buen populista: culpar de todos los males del país al Gobierno, denunciar la corrupción de la casta y prometer soluciones inmediatas. Pashinián ya lo intentó en otra revuelta popular en el 2012, pero fracasó y fue a la cárcel acusado de promover desórdenes públicos. Fue amnistiado a los pocos meses y ahora está dispuesto a cobrarse su revancha.
Pashinián doblega a sus rivales y será primer ministro de Armenia
Ereván, la capital de Armenia, donde viven 1,1 millones de personas de los 2,9 que habitan el país, amaneció completamente paralizada. El órdago del líder opositor, Nikol Pashinián, al Gobierno en funciones del Partido Republicano se saldó con el bloqueo del aeropuerto, de las carreteras de acceso a la capital, de las líneas férreas y hasta de la principal central nuclear del país, clave para el abastecimiento energético.
Como en las semanas anteriores, las protestas transcurrieron de forma pacífica e incluso en medio de un ambiente festivo. La mayoría de las personas que salieron a las calles eran jóvenes que formaron cadenas humanas y ondearon banderas del país, que llevan los colores rojo, azul y naranja. Mucha gente cantaba y bailaba ante la policía.
Fue la respuesta popular a la negativa del Parlamento, controlado por los republicanos -55 diputados de los 105 de la Cámara- a investir a Pashinián -nueve diputados, pero respaldado masivamente en las calles- como primer ministro. El tsunami político que auguró el opositor se desarrolló ayer con precisión a lo largo de toda la jornada. La presión de los ciudadanos movilizados -«nos estamos jugando el futuro, lo importante no es un día en la fábrica o en la escuela, sino acabar con estos gobernantes que nos llevan a la ruina», gritaba un manifestante en el corazón de Ereván- provocó el cambio en el tablero de juego. «No puede ser que 56 personas (en referencia a los diputados del Partido Republicano y al presidente, Armen Sargisián) tengan secuestrada la voluntad de decenas de miles de armenios», contestaba uno de los diarios de mayor tirada del país en uno de sus editoriales.
Investidura el 8 de mayo
Pashinián, que aparcó por unas horas su habitual camiseta de camuflaje por el traje y la corbata, consiguió mantener firmes a sus aliados opositores y sostuvo el pulso a los republicanos. «Soy el único candidato que quiere la gente», repitió varias veces.
Por la tarde, tras la reunión del presidente Sargisián con todas las formaciones, el Partido Republicano dio un giro a su estrategia y aceptó, con algunas condiciones, la investidura de Nikol Pashinián el próximo 8 de mayo en una declaración de apenas tres párrafos en la que no se recogía el nombre del líder opositor. «Votaremos al candidato que tenga el apoyo de un tercio de la Cámara. El 8 de mayo Armenia tendrá un primer ministro elegido legítimamente», dijo a la prensa Bahram Bagdasarián, líder oficialista en la Asamblea Nacional.
Bagdasarián confirmó que su grupo no vetaría a Pashinián si reúne esos apoyos, que el experiodista amarró horas antes en una cita con el resto de partidos opositores, donde el empresario Gagik Sarujian, otro de los líderes del Parlamento, que garantizó su colaboración con el experiodista que se declara fan del Che Guevara y que por la tarde suspendió la huelga general durante un día para cerrar las negociaciones con los republicanos.
En esa segunda elección, el candidato debe lograr al menos un tercio del total de los votos de diputados, según informa la agencia de noticias Arka. Si también fracasa la segunda votación, la Asamblea Nacional quedará disuelta y se convocarán nuevas elecciones parlamentarias.
Armenia vive sumida en una grave crisis política desde que el expresidente Serzh Sargisián anunció que se presentaría como candidato a primer ministro, un nuevo cargo nacido de la reforma constitucional del 2015 y que es el más importante del nuevo sistema político por las competencias ejecutivas que acumula.
Una semana después de ser nombrado por el Parlamento, Sargisián se vio obligado a presentar su renuncia el 23 de abril por la presión de las manifestaciones lideradas por Pashinián en el marco de lo que el líder opositor ha definido como una «revolución de terciopelo».
Tras la dimisión de Sargisián, fue nombrado primer ministro interino Karen Karapetián, que en un primer momento se resistió a las exigencias de Pashinián para aceptarle como candidato a jefe del Gobierno y que se había negado a seguir dialogando con el líder opositor. Hasta ayer.