El chófer chavista que teme al pueblo

Francisco Espiñeira Fandiño
F. ESPIÑEIRA REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

Nicolás Maduro
Nicolás Maduro EFE

01 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

A Nicolás Maduro Moros (Caracas, 1962), la vida le sonrió ante el lecho del dolor del convaleciente comandante Hugo Chávez. En el 2012, en plena agonía de este, fue elegido vicepresidente plenipotenciario para neutralizar los enfrentamientos entre las distintas familias revolucionarias que pugnaban por repartirse la herencia del moribundo líder.

Maduro aprovechó los pocos meses que duró la agonía para hacerse con los resortes del poder, apoyado por los todopoderosos Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, representantes del ala más dura del chavismo y muy señalados por sus turbios negocios por parte de la comunidad internacional.

Para entonces, el ahora presidente no tenía más que su probada lealtad al régimen como aval de presentación. Hijo de una colombiana y de un dirigente social de origen sefardí, fue un estudiante rebelde que no fue a la universidad y que trabajó de casi todo. Incluso fue guardaespaldas y, entre 1991 y 1998, conductor del transporte público. Verde, como fue apodado en la clandestinidad, entró en contacto con Chávez en 1993, conoció a la que es su esposa ahora, Cilia Flores, y le ayudó al golpista a tejer la red legal de su partido. A la sombra de Chávez, el matrimonio Maduro-Flores progresó de forma notable y amasó una gran fortuna. Acostumbrado al lujo del palacio de Miraflores desde el 2013, ha maniobrado de todas las formas posibles para aferrarse al poder y se niega a escuchar a sus paisanos y a la comunidad internacional, que le exigen democracia.