Boris Johnson podría ser el hombre adecuado

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

INTERNACIONAL

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido
Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido

Winston Churchill era un personaje excéntrico, dado a la autopromoción y a los golpes de efecto populistas. Por eso, durante años, nadie le tomó en serio en el Parlamento.

27 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Se le consideraba un charlatán, un chovinista y un vanidoso. Y la verdad es que era todas esas cosas en alguna medida. El político modélico era entonces, por ejemplo, el primer ministro Neville Chamberlain, que quería buscar un acuerdo moderado y razonable con Hitler. Luego resultó que el que no era moderado ni razonable era Hitler. Chamberlain quedó en ridículo y el Parlamento buscó desesperadamente a Churchill, que se convirtió en primer ministro sin pasar por las urnas. Hizo historia. Desde entonces, con sus virtudes y sus defectos, su nombre es sinónimo de hombre de estado. Ser o no ser un Churchill se emplea en política para dar o quitar estatura a un político.

Esto no quiere decir que todo político británico excéntrico vaya a acabar siendo un Churchill, aunque es un aviso de que hay crisis que requieren líderes de perfiles singulares. Boris Johnson quizá no sea Churchill, aunque tiene muchas cosas en común con él -incluso escribió una biografía suya- pero, desde luego, no es Donald Trump, como oímos decir hasta la extenuación. Aunque solo sea porque Trump solo ha leído el libro que él mismo ha escrito y Johnson, que estudió en Eton y Balliol, cita la Ilíada en el griego clásico original y habla latín de corrido. No todos los personajes extravagantes son equivalentes intelectualmente.

Rencores por el brexit aparte, la idoneidad de la elección de Boris Johnson hay que juzgarla desde el punto de vista de los intereses de Gran Bretaña, que son los que tiene que defender. Y desde esa perspectiva, quizá sea la persona adecuada. Como pasó con Chamberlain en su momento, con Theresa May se ha demostrado que la moderación no siempre es buena en sí misma, y que un líder tiene que creer en lo que hace. El resultado de los titubeos de May ha sido una parálisis (¡de tres años!) que perjudica tanto a la UE como a Gran Bretaña. Como saben bien los empresarios, no hay nada peor que la incertidumbre, ni siquiera el error. Y si fuera de Gran Bretaña existe consenso en considerar que una salida sin acuerdo sería un error, en Gran Bretaña el consenso es que están hartos de la incertidumbre. Y también nosotros deberíamos estarlo.

El plan de Johnson puede no gustarnos, pero es de sentido común: hacer un último intento de negociación, esta vez amenazando con una ruptura desordenada, lo que no hizo nunca May. Y en vez de asustar con la salida sin acuerdo, Johnson ha puesto en marcha los preparativos para amortiguarla, como ya llevan tiempo haciendo las empresas a un lado y otro del canal. Lo que sea, será; pero si Johnson cumple con su palabra en noviembre pasaremos página. Entonces contaremos los platos rotos y nos pondremos a trabajar en una nueva relación con Gran Bretaña lo más beneficiosa posible para todos. Como decía, precisamente, Churchill: «Si caminas por el infierno, por lo menos no te pares».