El catedrático de Literatura Española habla sobre el cine de Buñuel y recuerda dos de sus películas en las que encuentra terribles similitudes con la situación actual de Ucrania. También se pregunta si han hecho bien «pagando un precio tan alto» para pertenecer a la UE
02 abr 2022 . Actualizado a las 15:50 h.Mis amigos y yo nos reuníamos en el club de cine. Cada mes, uno de nosotros seleccionaba y comentaba unas películas. Yo era el coordinador en el mes en el que todo se interrumpió por la guerra. Había decido hablar sobre los filmes de Luis Buñuel entre 1960 y 1970. Alcancé a presentar Viridiana y El ángel exterminador. Han pasado casi cuarenta días desde entonces, pero sigo teniendo la sensación de que esas películas contenían mensajes proféticos sobre la situación en la que ahora se encuentra Ucrania.
Lo primero que viene a mi cabeza es el parecido que existe entre la conducta de los mendigos en la casa de Viridiana y Jorge y las actitudes de los soldados rusos hacia Ucrania y los ucranianos. Sobre todo, pienso en el episodio del festín goyesco-esperpéntico en el que los mendigos liberan sus impulsos más sucios. Se emborrachan, rompen platos, fornican sin ninguna vergüenza y destruyen el lugar. Uno de ellos ata a Jorge y le amenaza con un cuchillo, mientras otro intenta violar a Viridiana. Estas imágenes me persiguen cuando leo sobre los crímenes de los soldados rusos en las zonas ocupadas. Los seres inhumanos, los mendigos que nunca heredarán nuestra tierra y que destrozan todo lo que tocan. Cuando huyen de Kiev, se llevan los ordenadores, los molinillos de café, la ropa, el maquillaje y hasta las toallas sanitarias para sus esposas y novias. Los testimonios que recibimos cuentan los numerosos casos de exterminio de civiles con sadismo, las violaciones de mujeres. Tres soldados abusaron de una madre en presencia de su hijo. Ella murió y la vida del pequeño se volvió gris en un segundo. Es el retrato de la última cena del Ejército ruso.
El ángel exterminador me sirve para ilustrar la complicada relación de Ucrania con Europa. Ese grupo de señores y señoras bien vestidos que se reúnen en una mansión para cenar mientras escuchan ópera. Es la representación de un club de élite al que Ucrania quiere entrar, pero en el que no nos aceptan porque no somos lo bastante europeos. Buñuel tituló su película El ángel exterminador. Es una metáfora surrealista de algo que no existe, pero asusta tanto a los civilizados señores que ninguno se atreve a salir, aunque las puertas están abiertas. Pero cuando les permiten liberar sus impulsos, las élites se convierten en los mendigos malaventurados. En nuestra guerra, el ángel exterminador es Putin. Él está matando a los ucranianos, pero los que tienen miedo son los europeos por sus pecados capitales: soberbia, hipocresía, avaricia, etc. Ahora me pregunto si hacemos bien pagando un precio tan alto para ser socios de un club de cobardes.
Por supuesto, la última pregunta retórica es una exageración emocional, porque los hombres y mujeres europeos nos apoyan. Están asustados los Gobiernos y los políticos, pero tienen más miedo de sus ciudadanos que de Putin. Esto nos da esperanza y ánimo para pertenecer a Europa.
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