Los judíos ultraortodoxos toman Jerusalén en protesta contra la ley de reclutamiento

Mikel Ayestaran JERUSALÉN / COLPISA

INTERNACIONAL

Manifestación de judíos ultraortodoxos en Jerusalén.
Manifestación de judíos ultraortodoxos en Jerusalén. ABIR SULTAN | EFE

Sus dos principales partidos políticos amenazan con hacer caer el Gobierno de Netanyahu si la legislación recibe luz verde en la Knéset

30 oct 2025 . Actualizado a las 21:22 h.

Jerusalén se tiñó este jueves de blanco y negro en la jornada de la llamada «marcha del millón de hombres» convocada por los judíos ultraortodoxos en contra de la ley de reclutamiento. Cientos de miles de jaredíes -200.000, según los medios locales- tomaron las calles de la ciudad santa, bloquearon carreteras durante dos horas y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad para protestar por los planes del Gobierno para que sean llamados a filas como el resto de israelíes. Las consignas más coreadas fueron «no creemos en el gobierno de los herejes», «preferimos morir antes que alistarnos» o «el estudio de la Torá es nuestro ejército». Como es habitual en sus concentraciones, también atacaron a periodistas que cubrían la movilización.

El alistamiento de los religiosos es un tema polémico en un Estado judío en el que gozan de privilegios desde su establecimiento en 1948. En la guerra de Gaza han muerto casi mil soldados y el sector laico del país reclama a los ultraortodoxos que den un paso al frente, pero estos se resisten y argumentan que ellos luchan con la oración.

En junio del 2024, el Tribunal Supremo dictaminó que no hay base legal para seguir eximiendo a los hombres ultraortodoxos de acudir a la llamada a filas y que deben comenzar a ser reclutados, lo que provocó un enorme malestar en la comunidad. Según el veredicto, eximir a los religiosos supone «una grave violación del principio de igualdad ante la ley».

No hay una fecha confirmada públicamente para la votación final de la ley de alistamiento, pero el lunes se debatirá el proyecto de ley en el Parlamento y por eso los líderes de la comunidad llamaron a los suyos a salir a las calles de forma masiva.

Crisis de gobierno

Los medios ultraortodoxos defienden que «un Estado que recluta yeshivas (escuelas religiosas) no tiene derecho a existir» y Moshe Gafni, diputado de Judaísmo del Unido del Pentateuco (formación de judíos askenazíes), defendió que el estudio de la Torá es su contribución al pueblo de Israel y que obligarlos a servir «destruye la Torá».

El conflicto afecta directamente a la estabilidad del gobierno, porque el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, necesita el apoyo de JUP y de Shas (formación de judíos sefardíes), las dos grandes formaciones religiosas, para conservar su mayoría. Los líderes de ambos partidos amenazan con abandonar la coalición si la ley sigue adelante y piden a las autoridades que den marcha atrás en el reciente endurecimiento de medidas contra quienes se niegan a presentarse en los centros de reclutamiento.

Este debate sobre la llamada a filas de los religiosos lleva mucho tiempo abierto y dirigentes políticos como Yair Lapid, ahora líder de la oposición, se han erigido en defensores de su aplicación. Lapid aboga por impulsar sanciones contra ultraortodoxos que evadan el servicio, incluso proponiendo la revocación de su derecho a voto. Netanyahu trata de contentar a todos e insiste en que su Gobierno «encontrará una manera» de terminar con las exenciones.

De momento lo que está sobre la mesa es un borrador de ley con sanciones leves, gran flexibilidad para los estudiantes de las yeshivá y la opción de prestar servicio comunitario en lugar de coger un arma. Según los datos del estudio anual que realiza el Instituto de la Democracia de Israel, se calcula que en el 2030 los ultraortodoxos supondrán el 16 % de la población judía de Israel y en el 2065 el porcentaje se elevará al 40 %. Un crecimiento basado en la media de 6,9 hijos que tiene cada mujer ultraortodoxa, muy superior al 2,4 del resto de mujeres no jaredíes.

Hamás reanuda la entrega de cuerpos de rehenes tras los bombardeos de Israel

 Después de 48 horas de máxima tensión en Gaza, Hamás entregó este jueves dos nuevos cuerpos a la Cruz Roja Internacional. Los islamistas habían decidido suspender la entrega el martes debido a los bombardeos israelíes decretados por el primer ministro Benjamín Netanyahu, que dejaron más de cien muertos. Pero, tras el restablecimiento del alto el fuego por parte de enemigo, efectuaron una nueva entrega. Si se confirma que los cuerpos pertenecen a rehenes, quedarán todavía once por entregar.

El Estado judío acusa a los islamistas de dilatar el proceso de entrega de cuerpos a posta y lo considera una violación flagrante del acuerdo, por lo que aplica castigos como el cierre del paso fronterizo de Rafah con Egipto o la restricción de la entrada de ayuda humanitaria. Todavía no se ha conseguido que entren a Gaza los 600 camiones diarios acordados. Hamás, por su parte, argumenta que la tarea es compleja debido a que los cuerpos se encuentran bajo toneladas de escombros y pide más tiempo y maquinaria pesada para acelerar las labores de búsqueda.

A la espera de la segunda fase

Hasta que no se produzca la entrega de todos los cuerpos no se cerrará la primera fase del acuerdo impulsado por el presidente  Donald Trump, padrino del pacto y máximo garante de que siga con vida pese a las acusaciones mutuas de violaciones por parte de Israel y Hamás. Para que pueda arrancar la segunda fase de esta hoja de ruta hacia la paz quedan pendientes temas clave como el desarme de los islamistas, la formación de un gobierno de tecnócratas, el despliegue de una fuerza internacional o la retirada completa de Israel. No será fácil darle inicio porque hay multitud de escollos: Hamás ha aceptado ceder el gobierno a tecnócratas palestinos, pero ve con malos ojos la intervención extranjera y se niega al desarme que Tel Aviv considera imprescindible.