Mónica Finol padece artritis reumatoide: «Llegó un momento en que todo se me caía de las manos y se me rompía»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Mónica Finol fue dignosticada con artritis reumatoide cuando tenía 32 años.
Mónica Finol fue dignosticada con artritis reumatoide cuando tenía 32 años.

Después de veinte años batallando con la enfermedad, cuenta cómo un cambio de actitud ha permitido que esta no siguiera avanzando

04 may 2023 . Actualizado a las 18:03 h.

Un dolor en el hombro derecho. Así empieza la odisea de Mónica Finol. Como realizaba mucha actividad física, lo achacó al tenis, pero la molestia se fue intensificando. «Fui a mi médico de cabecera, le conté cuáles eran mis síntomas —también se notaba mucho más cansada— y me dijo que podría ser una enfermedad autoinmune, pero me recomendó ir a un reumatólogo», recuerda. La ingresaron, le hicieron «un mogollón» de pruebas y a las pocas semanas, le confirmaron que padecía artritis reumatoide.

«Había pasado casi un año desde que me había empezado el dolor en el hombro hasta que opté por ir a ese especialista. Pasó mucho tiempo y mi hombro ya estaba muy lastimado. El médico me dijo: 'Vas a acabar en una silla de ruedas en menos de diez años'. Me quedé impactada con la noticia que me estaba dando», confiesa. Le recetaron «más de diez medicamentos diferentes» y optó por buscar mucha información sobre la enfermedad que padecía: «Empecé a hacer ejercicio, a buscar alternativas, a cambiar la alimentación. También acudí a otro médico y él me explico mucho más lo que me estaba sucediendo». 

De la mano de este nuevo profesional, Mónica confirmó que padecía artritis reumatoide cero positiva. «Cuando da positiva en sangre aparentemente es mucho más erosiva y destructiva. Por eso mi hombro ya estaba bastante destruido. En ese momento yo tenía 32 años, imagínate, todavía muy joven, pero no llegaba a asimilar lo que me estaban diciendo. Que posiblemente me podía quedar en silla de ruedas o en una cama. Por eso decidí buscar qué cosas podía hacer yo en mi vida para que ese proceso fuera lo más lento posible», relata. 

En ese momento, era responsable comercial de una aerolínea en las Islas Canarias. Aguantó en el puesto durante un tiempo, pero lamentablemente, lo tuvo que dejar: «Horas entregadas a estar dedicada excepcionalmente a mi carrera y me vi obligada a renunciar. Fue una de las cosas más duras porque me gustaba y era mi vida, pero también me di cuenta que el estrés que me estaba generando me estaba afectando mucho». 

Una operación y varios tratamientos biológicos

Mónica también empezó a inyectarse tratamientos biológicos «porque ya había pasado por todo el 'protocolo' que tenían con los medicamentos reumatológicos». Ella lo define como un puzle: «Van viendo un poco qué medicación te va haciendo mejor y cuál no, porque, a veces, sucede. A mí me cambiaron hasta en tres ocasiones de tratamiento biológico. Porque uno no me funcionaba, otro me causaba efectos secundarios en el estómago...Y por supuesto, corticoides, que siguen formando parte de mi día a día». 

Diez años después del diagnóstico, en el 2017, las cosas empezaron a complicarse. Mónica se divorció de su pareja y «el día a día era muy difícil, porque empezaron a aparecer complicaciones para vestirme o cepillarme los dientes. Empecé a sustituir mi ropa para que fuera más fácil ponérmela y, también la vajilla, porque llegó un momento en que todo se me caía de las manos y se me rompía. Incluso me alejé de mis amistades porque me encontraba muy mal».

En ese mismo año, tuvo que ser intervenida: «Me colocaron una prótesis de titanio en el hombro derecho porque ya no podía, lo tenía literalmente colgando». Sin embargo, a pesar de la operación, Mónica decidió moverse casi todos los días. «Seguí con mi entrenamiento de lunes a viernes como si de cepillarse los dientes se tratase. Creo que es una de las cosas que siempre me gusta decir, que el secreto para mí ha sido moverse, que es lo que nos va a dar calidad de vida. Porque con la artritis, si tú no te mueves, se ponen las articulaciones más tensas y empiezan los dolores. Eso ha sido una de las claves. Al igual que trabajar la parte emocional también, que ha sido muy importante», señala. 

«Fue un milagro»

Después de ese cambio de «chip» que Mónica recalca que tuvo cuando llegó el diagnóstico, tiene una rutina diaria bastante marcada. Por las mañanas, se suele despertar temprano y «lo primero que hago es ir al gimnasio, a entrenar, sobre todo desde que me operé el hombro. Ese es mi comienzo del día, porque cuando te ponen una prótesis lo primero que te dice el médico es que es probable que necesites un reemplazo de la misma. Por eso, para mantenerla firme, hay que fortalecer el músculo, moverte y demás». Además, después de la intervención, empezó a tener más calidad de vida: «Dormir dejó de convertirse en una pesadilla». 

Podría decirse que gracias a ese cambio de visión, ha sido capaz de cambiar el rumbo de la historia. «El médico me había dicho que a los diez años podría acabar en una silla de ruedas y no fue así. La verdad es que fue un milagro y creo que también se debe a la actitud que le ponemos a las dificultades, las circunstancias que nos ponga la vida». 

De hecho, Mónica dice que ahora mismo se encuentra con ganas de estudiar otra carrera. Lee y investiga sobre su enfermedad y lo cuenta a través de sus redes sociales, siempre desde el punto de vista del paciente. «La artritis me ha llevado a otro nivel, me gusta pensar que sí que se puede, a pesar de tener un diagnóstico, siempre hay algo que hacer cada día, es posible tener un proyecto de vida». 

Treinta pequeños tumores 

Desgraciadamente, no fue el único episodio de salud por el que tuvo que pasar en este tiempo. «En el 2021 empecé a tener como gastritis. Comía cualquier cosa y me sentaba mal en el estómago. Estuve como un mes con ese dolor porque estábamos en pandemia, no conseguía cita para el médico por la Seguridad Social, era complicado. Por eso, decidí ir a una consulta privada». Allí, le sometieron a una endoscopia y al despertarse, la doctora le confesó que había que repetir la prueba. «Me dijo: 'Vamos a tener que hacerla de nuevo en quince días y voy a tener que llamar a otro grupo de médicos para evaluarla'. La verdad es que me asusté y le pregunté si pasaba algo, a lo que me respondió que estaba viendo algo que no le gustaba, pero que no sabía lo que tenía». 

«La cosa estaba más complicada de lo que creía. No podía comer nada porque tenía mucho dolor en el estómago. Llegué a pesar 42 kilos porque empecé a comer menos y los médicos me iban haciendo pruebas para detectar todo tipo de patologías. Descartaron la bacteria del estómago, que dio negativa, empezaron a hacerme pruebas… Pero no sabían qué había», narra. 

Pasados los quince días, se sometió a una segunda endoscopia. Pero no fue la única. En total, fueron necesarias cuatro, hasta que el propio doctor la llamó para comunicarle que había que operar. «Me quitaron más de la mitad del estómago y parte del intestino porque tenía más de treinta tumores. Gracias a Dios, ninguno fue maligno. Y volví a nacer». Cuenta un comentario que le hizo el doctor, que le sorprendió: «El doctor que me operó me dijo que no lo podía creer, que debía ser como el paciente número quince de algo así en el mundo». 

Después de este nuevo revés, «actualmente llevo una alimentación muy básica porque después de esa operación me quitaron la vesícula también. No puedo comer nada que tenga grasa, hay ciertos alimentos que no tolero, pero estoy mejor, he subido de peso. Estoy agradecida por haber caído en manos de un buen especialista». 

«Aprender a vivir el día a día. Esa es la lección que me ha dado la vida»

A pesar de todo, Mónica asegura encontrarse «muy bien» a día de hoy. «Lo que sucede con la artritis, cuando la gente nos ve por fuera, es que parece que estamos perfectos, pero el dolor es fuerte. Sin embargo, aprendes a sonreír, a vivir, a disfrutar de la vida, teniendo dolor».

A sus cincuenta años —y casi veinte batallando con la artritis— comenta que se encuentra en remisión. «Es decir, la enfermedad no avanzó más allá. Es verdad que tengo afectadas mis dos muñecas porque la izquierda no la puedo doblar y la derecha, más o menos. Pero tengo energía, vitalidad y me encuentro muy feliz conmigo misma. Creo que es lo más importante. Aprender a vivir el día a día. Esa es la lección que me ha dado la vida», reflexiona.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.