¿Ducha diaria o solo cuando hace falta? «Hay personas que no la toleran»

MACARENA POBLETE / U. R. LA VOZ DE LA SALUD

ESTILO DE VIDA

Según un estudio de la Universidad de Harvard, lo óptimo sería ducharse cuatro o cinco veces por semana.
Según un estudio de la Universidad de Harvard, lo óptimo sería ducharse cuatro o cinco veces por semana. iStock

Los expertos advierten de los riesgos de dejar de lavarse la piel, el cuero cabelludo o las manos por períodos de tiempo prolongados

20 ago 2025 . Actualizado a las 10:42 h.

Las infecciones cutáneas, el sobrecrecimiento bacteriano y la alteración de la microbiota son algunas de las consecuencias que puede provocar una higiene deficiente. Aun así, en redes sociales crecen tendencias que animan a reducir las rutinas de limpieza corporal, lo que reabre el debate sobre la higiene personal. ¿Hasta qué punto es seguro dejar de ducharse? Los expertos en dermatología responden a esta pregunta.

Algunas de las tendencias más virales son la no poo (sin champú, en inglés) o la llamada «rutina cavernícola», que consiste en dejar de lavarse la cara —y a veces también el cuerpo— durante semanas o meses, bajo la idea de que la piel «se regula sola» sin la intervención de productos de limpieza. Aunque para algunos es una forma de rebelarse contra el márketing cosmético o tratar enfermedades como el acné sin químicos, la doctora Yolanda Gilaberte, presidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), advierte que existen riesgos para la salud si se abandona por completo la limpieza del cuerpo.

La dermatóloga afirma que existe una enfermedad ligada a la falta de higiene mantenida: la dermatosis terra firme-forme. Esta condición, conocida coloquialmente como «roña», aparece cuando no se lavan determinadas zonas del cuerpo, y se acumulan «detritos y restos de queratina» hasta formar «unas manchas amarronadas».

Más allá de lo estético, Gilaberte destaca que con el lavado se eliminan las bacterias, por lo que en una piel sin higiene adecuada, «ese sobrecrecimiento sí que podría favorecer infecciones de una forma más frecuente». Además, la piel puede convertirse en un caldo de cultivo: «Si nosotros nos hacemos una herida allí, las probabilidades de que se nos infecte serán mayores», afirma la especialista.

Eduardo Fonseca, antiguo jefe del Servicio de Dermatología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y médico emérito del Servicio Gallego de Salud (Sergas), matiza que el foco no debe ponerse únicamente en el baño o la ducha, sino en el concepto más amplio de higiene adecuada. «El problema no es ducharse o no bañarse, es tener una higiene inadecuada, eso es lo más importante», sostiene.

Las consecuencias de esta higiene inadecuada dependen de múltiples factores: desde el entorno en el que vive la persona, su nivel de actividad, o hasta si comparte espacio con otras personas. En contextos de hacinamiento, por ejemplo, se incrementa el riesgo de «transmitir diversas infecciones o parasitosis». Y no cambiar de ropa o de sábanas puede agravar aún más la situación.

¿Cada cuánto deberíamos ducharnos?

De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Harvard, lo óptimo sería ducharse cuatro o cinco veces por semana, con una duración de entre 3 a 5 minutos cada ducha. Aun así, Gilaberte y Fonseca coinciden que  no hay una frecuencia única para todo el mundo. «Depende de muchos factores personales y ambientales», explica la primera. No es lo mismo el verano que el invierno, ni vivir en una ciudad polucionada que en un entorno rural. La especialista recomienda, al menos, «eliminar todos esos restos de agentes de la polución que se depositan en la piel», si se vive en una zona con altos niveles de contaminación.

Fonseca coincide en que lo recomendable es adaptar la higiene a las necesidades de cada piel. «Una ducha diaria es el estándar», señala, pero hay personas con piel seca o irritable que «conviene espaciarlo algo más», especialmente si no están expuestas a factores que ensucien la piel. En estos casos, aconseja duchas con agua templada, geles poco agresivos y en cantidad moderada.

En personas con patologías como la dermatitis atópica —frecuente en niños y adultos con piel sensible—, la recomendación puede ser incluso más espaciada: «Cada día, pues cada dos días, según se tolere», comenta el experto.

En cuanto a la higiene solo con agua, sin productos de limpieza, Fonseca señala que puede ser suficiente en determinadas circunstancias. Pero el resultado dependerá de factores como la temperatura del agua y el nivel de sudoración: «El agua caliente ya tiene un efecto de limpieza mayor que el agua fría». No obstante, si se trata de personas con «mucha secreción grasa, problemas de olor corporal» o que están expuestas a contaminantes, se requerirán productos de limpieza específicos, asegura el dermatólogo.

El lavado del cuero cabelludo también está condicionado por el tipo de piel, el nivel de exposición a la suciedad y los hábitos individuales. En casos de mala higiene, Fonseca advierte que puede haber «picor, por lo que la persona tiende a rascarse y se pueden producir pequeñas heridas», y estas son una posible «puerta de entrada para infecciones». Por otro lado, el lavado compulsivo o con productos inadecuados puede tener el efecto contrario: «También altera la flora de la piel y la capa grasa, y es altamente perjudicial», comenta el dermatólogo.

El otro extremo: ducharse demasiado

El lavado excesivo, sobre todo con productos agresivos o aguas muy duras, puede desequilibrar la microbiota. «Un exceso de duchas con aguas que no son muy saludables o con jabones que no son adecuados pueden alterar la barrera cutánea», advierte Gilaberte.

Fonseca añade que este exceso puede estar motivado por factores profesionales o incluso psicológicos. «Hay personas que por miedo a infección o a los gérmenes se lavan las manos 10, 12, 14 veces al día. Su piel no lo va a tolerar. Va a tener problemas», explica el experto. Por lo tanto, más que fijarse en una cifra exacta de duchas a la semana, los expertos recomiendan adaptar las rutinas según mejor reaccione la piel.

El consenso entre ambos expertos es claro: la higiene es importante, pero no tiene por qué traducirse en una ducha diaria universal. Factores como la edad, el tipo de piel, la estación del año, la actividad física o el entorno deben guiar la frecuencia y la intensidad de los cuidados.