Ana Tobarra, paciente de trastorno bipolar: «Cuando aparece la manía estoy nerviosa, hablo rápido, la mente va a más velocidad y duermo menos»

SALUD MENTAL

Cuenta su historia para desmontar falsas creencias que pueden existir sobre pacientes que, como ella, sufren algún tipo de trastorno de la salud mental
01 abr 2025 . Actualizado a las 09:56 h.«Mi nombre es Ana, tengo 37 años y trabajo en una asociación de personas con discapacidad». Es protagonista de estas líneas porque padece trastorno bipolar. «Soy tipo 1, en el que predomina la manía, y yo depresión no la he sufrido nunca». Cuenta que tuvo una infancia «muy buena», pero que fue en la adolescencia cuando se desencadenó la enfermedad. «A lo mejor se hubiera podido evitar, o quizás no, no lo sé», reflexiona. En esa etapa tuvo su primer contacto con la marihuana y, junto con el estrés de los estudios habitual en esas edades, «fue a partir de ahí cuando empecé a encontrarme mal».
A los 19 años sufrió su primer brote psicótico. «Es bastante duro porque empiezas a distorsionar la realidad». Y describe de qué forma: «No diferenciaba los olores normales como, por ejemplo, una comida que me gustaba mucho, de otros. Iba por la calle y olía cosas que no sabía definir porque no existían. Mi cabeza iba acelerada buscándoles un significado». Se le sumaba el pensamiento acelerado, la falta de memoria. «Fue un cúmulo de cosas sin sentido. Así como irritabilidad, estaba siempre enfadada con las personas de mi alrededor».
Ana acudió al médico sin saber lo que le estaba pasando. «Acabé ingresada y los primeros días fueron horribles, tenía mucho miedo. Y ya poco a poco los fármacos fueron haciendo efecto y la verdad es que me recuperé bien». La búsqueda de la medicación adecuada tampoco fue fácil. «Probaron con varios fármacos y hubo algunos que me negué a tomarlos porque no me sentaban bien. Me mandaban antidepresivos y, aunque en otros casos son necesarios, a mí como nunca había padecido depresión, me subían más la manía». Estas caídas y subidas fueron las que acabaron descubriendo el diagnóstico. «Fueron unos años de lucha con los medicamentos hasta que finalmente dieron con lo que tengo, con el trastorno bipolar». Desde hace años toma litio, un fármaco que se utiliza para tratar y prevenir los episodios de manía. Además, asiste a terapia psicológica «porque la medicación no lo es todo».
Ana ha aprendido a identificar cuándo aparece la manía. «Empiezo a encontrarme muy nerviosa: hablo más rápido, la mente también va a más velocidad. Paso de dormir mis seis a ocho horas, a cuatro y, al día siguiente, tres y media. Ahí ya se me enciende la bombilla, las alertas». Por eso, trata de seguir unos hábitos de vida «no estrictos, porque eso creo que es imposible, sino ordenados».
Es voluntaria en la Asociación Experiencia Bipolar y uno de sus propósitos es «eliminar el estigma que existe sobre los que sufrimos una enfermedad mental». Confiesa sentir rechazo en varios ámbitos. «Cuando conoces gente nueva y descubren que lo tienes, te tratan diferente. A veces con sensibilidad, otras te rechazan y desaparecen, cuando no hemos elegido tener este trastorno, al igual que tampoco se escoge ninguna otra enfermedad».
Sobre el trastorno bipolar:
Un 0,5 % de la población está diagnosticada con un trastorno bipolar, según la Organización Mundial de la Salud.
El primer episodio suele presentarse como una depresión entre los 15 y los 25 años.
- Qué es. «Se trata de una enfermedad crónica en la que se produce una alteración de los mecanismos que regulan las emociones y el humor que tiene una persona», explica Carina Fernández, psicóloga y coordinadora de Servicios y Programas de Feafes Galicia.
- Fases. «Se dan períodos de depresiones mayores que se alternan con otros de manía o hipomanía, euforia, desinhibición de la conducta e hiperactividad», indica Ana González-Pinto, vocal de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental.
- Tipos.
- En el trastorno bipolar tipo 1 se dan uno o dos episodios de manía y al menos uno de depresión.
- En el tipo 2 el paciente alterna episodios depresivos mayores, uno o más, con al menos otro de hipomanía -una manía de menor grado- y depresión.
- Y en tercer lugar, el trastorno ciclotímico o ciclotimia: una alteración crónica con numerosos períodos que comportan síntomas hipomaníacos y depresivos, pero que no aparecen con la gravedad y en la cantidad suficiente como para poder hablar de una fase de hipomanía o depresiva.
- Dificultades en el diagnóstico. Una de las confusiones se da cuando la manía se desarrolla en la adolescencia. «La persona está hiperactiva, tiene conductas impulsivas y a veces se les diagnostica erróneamente con un TDAH, hiperactividad o impulsividad», comenta Fernández. Debido a las alteraciones de la realidad y alucinaciones, que pueden llegar a sufrir algunos pacientes, Fernández apunta a otro tipo de equivocación: «Se suele dar un tratamiento para la esquizofrenia cuando no es el adecuado».
- Factores de riesgo. Entre ellos se encuentran los antecedentes familiares, el abuso de drogas y alcohol. «Los factores estresantes precipitan el desequilibrio, tanto para una fase como para la otra. Es decir, hay un desequilibrio para ambos polos», asegura González-Pinto. De esta forma, hechos vitales desagradables como un divorcio o la muerte de un ser querido, así como acontecimientos positivos como casarse u obtener un ascenso en el trabajo, pueden desencadenar estrés y, por lo tanto, también trastorno bipolar.
- Tratamiento. «Uno de los fármacos que se utilizan son los estabilizadores, que se toman de manera continuada independientemente de si tienes una fase o no, como las sales de litio. Luego están los de fase, que se toman cuando alguien tiene una manía o euforia y, a veces, alguno de manera continuada», explica la psiquiatra. Puede ir acompañado de terapia. Depende de cada caso concreto.