Reportaje | La polémica creada en Taboada por el trazado de la autovía Ourense-Lugo Si el Ministerio de Fomento mantiene la alternativa escogida como preferente, San Roque desaparecerá del mapa. Sus habitantes aseguran que no se irán sin luchar
20 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Hace cincuenta y cinco años San Roque era un cambio de rasante en la N-540 con poco más que monte bajo en sus cunetas. En la actualidad hay tres bares, un taller de mecánica, una whiskería y una docena de viviendas. Dentro de diez años, si Fomento sigue adelante con sus planes, San Roque estará sepultado bajo el cuarteto de carriles de la autovía Ourense-Lugo de próxima construcción. Pero antes tendrán que callar a sus vecinos. No son muchos, pero se proclaman unidos, lo cual parece cierto al comprobar el poder de convocatoria que el asunto de la autovía tiene en los bares. Recortes de prensa, papeles que se cruzan y opiniones de todas las edades pero con un denominador común, «Non nos movemos de aquí». Esta sentencia la comparte uno de los fundadores del pueblo, Francisco Vázquez, bisabuelo de 78 años quien, por si no está claro, añade: «A mín terán que sacarme morto da miña casa». La suya fue la segunda vivienda del pueblo, un bar como la primera, y dos de sus cuatro hijos todavía viven aquí. «Os outros están en Venezuela e Madrid pero pasan dous ou tres meses ó ano en San Roque» justifica su mujer, a la vez que califica el plan de destruir el pueblo de «atropello». Nombres y apellidos La historia del núcleo de San Roque es muy reciente, y por eso es fácil rastrearla con nombres y apellidos. Los negocios de esta curva a mitad de camino entre Chantada y Taboada son, sobre todo, un ejemplo de la actitud emprendedora de algunas personas en las décadas de los cincuenta y sesenta. Los primeros en construírse fueron los bares y después una fábrica de cerámica que llegó a tener setenta empleados pero que cerró hace más de veinte años. El taller de mecánica lo fundaron en 1973 y la whiskería lleva alrededor de dos décadas funcionando. Pero eso no es todo, otras naves de aspecto abandonando cumplen funciones de almacén provisional para manzanas, setas o lo que toque. El resto de los vecinos tienen ganado o simplemente están jubilados. No hay duda de que San Roque es algo más que una curva. La lucha constante Los vecinos de este pueblo son emprendedores, pero no han tenido excesivas facilidades. Juan Diéguez, un ganadero de 33 años, asegura que los servicios con los que cuentan los han tenido que luchar poco a poco. Insiste además, en que no confían en una supuesta reubicación en condiciones del pueblo. «Cando arranxaron a carretera cargáronse o alumbrado público e tardaron dous anos en repoñelo» cuenta Juan, quien recuerda además que se vieron obligados a mantener las luces de las fiestas para iluminar la calle durante varios meses. La pregunta inevitable que se les plantea es si la autovía es beneficiosa. San Roque prosperó gracias a la carretera nacional y la ganadería, y no parece que cuatro carriles con vehículos circulando de una capital de provincia a otra, tenga mucho que ver con ellos. Están de acuerdo en que no se le pueden poner trabas al progreso, pero insisten en que no es necesario provocar a cambio el «desarraigo dun pobo enteiro». Esto lo dice Juan, quien se encarga de organizar a los vecinos y mantenerlos al corriente de las novedades. Su opinión está clara «defender o que é de ún non é só un dereito, é tamén unha obriga».