LA TRIBUNA | O |
01 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.AHORA QUE el Congreso de los Diputados se ha acordado de tí y las penas contra tus maltratadores se han endurecido, ha llegado el momento de decirte bien alto lo que no escuchabas a diario: Bendita seas, mujer, que tanto has aguantado, que has apostado por la vida, y que con tanto esfuerzo has demostrado que en nada desmereces, ni en voluntad, ni en inteligencia, ni mucho menos en ternura y en coraje, bendita seas. ¿Por qué? Porque sabes andar entre pucheros, porque alimentas el cuerpo y el alma, porque conservas y transmites valores que aseguran el porvenir de la raza humana. Y bendita cada vez que algún retrógrada pretende rebajarte. Ahora que la Ley se ha acordado de tu cuerpo magullado, estrangulado o acuchillado, es el momento de decirte que cada frase o conducta que te hiera, es señal de violencia soterrada, de un deseo de humillarte, una necesidad de doblegarte. No lo permitas, mujer, porque quien actúa así es cobarde, inseguro e insensato: Ya no recuerda a su madre, ni sopesa que morirá asistido por tus brazos. Ve con la cabeza bien alta, que ningún majadero se crea con derecho a maltratarte sólo porque no lleva faldas.