Un alemán y nuestro pasado

LEMOS

Reportaje | Exposición de fotografías de Walter Ebelingombre Las imágenes que se pueden ver en el Museo Provincial captan escenas de la vida cotidiana en los pueblos de la montaña lucense entre los años 1928 y 1933

06 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Su lengua, sus costumbres, son un patrimonio propio de ese país, que les interesa y cabe cultivar en primer lugar a los mismos gallegos». Estas palabras fueron pronunciadas por el profesor alemán Fritz Krüger en una conferencia pronunciada en 1956 en Buenos Aires, con motivo de un homenaje al idioma gallego. Krüger fue el impulsor de uno de los proyectos de investigación más ambiciosos llevados a cabo en la Europa de entreguerras. Desde la dirección del Seminario de Lenguas y Cultura Románicas de la Universidad de Hamburgo reunió a un grupo de entusiastas profesores y alumnos para recorrer las zonas de la Península Ibérica donde había contactos interlingüisticos. Uno de sus discípulos fue Walter Ebeling, que en 1928, con 24 años, llegó a tierras lucenses con el objetivo de realizar una tesis dialectal y etnográfica sobre los aperos agrícolas de la zona este de la provincia. Con un cuaderno y una cámara de fotos fue compilando un enorme material fotográfico que con el paso de los años superó diversas vicisitudes. Una parte de las más de seiscientas fotografías que realizó Ebeling en sus tres viajes a Lugo, entre 1928 y 1933, se pueden ver expuestas este mes en el Museo Provincial, acompañadas de textos y referencias. Diferentes apartados El comisario de la muestra, el etnógrafo Xosé Manuel González Reboredo, distribuyó el material del profesor alemán en diversos apartados: Lugo y sus alrededores, paisajes de las aldeas, muestras de arquitectura, trabajos agrarios, vestimentas, sociedad y creencias. El espectador puede comprobar cómo era la vida diaria de los lucenses hace setenta años, y que en algunos aspectos todavía perviven. En las fotos queda explícita la relación entre el hombre y los animales, verdaderos colaboradores de las tareas de trabajo en el campo. Así, la asociación vaca y carro es continua, como también burro y carga de materiales. Pero también queda expuesto el esfuerzo del ser humano por sobrevivir, por sacar el mayor rendimiento a las tierras que les ha tocado nacer y morir. Además de los oficios, se pueden ver las casas, la mayoría pallozas, donde vivió una generación de lucenses muy cercana a nosotros en el tiempo. Tal y como señala González Reboredo en el libro editado sobre la exposición, A terra e os homes, las viviendas con tejados de paja también estaban extendidas por zonas hoy consideradas desarrolladas, como Gran Bretaña o Suiza. Fritz Krügler aleccionó a sus discípulos para que se asimilasen a las condiciones de vida de la gente que iban a estudiar. Por ello, Walter Ebeling viajaba tal y como lo hacían los vecinos de la montaña lucense, con botas y bastón, tal y como se aprecia en las fotografías. Gracias al método de investigación que desarrollaron los profesores hoy podemos gozar de una lección de historia reciente. Reboredo explica que seguían el método derivado de la corriente denominada «Palabras y cosas», tratando de recoger el léxico rural en estrecha relación con los objetos a los que las palabras se refieren. Prueba de su minuciosidad son las fotos que la Diputación adquirió y que ahora se exponen en el Museo y luego lo harán en los municipios visitados por Ebeling. Los trabajos de campo realizados por los etnolingüistas alemanes en Galicia tuvieron sus frutos entre los investigadores gallegos. Ignasi Ros destaca las relaciones entre Krüger y la Real Academia Gallega y el Seminario de Estudios Galegos. En HAmburgo recibían publicaciones de Risco, Otero Pedrayo, Fraguas o Cuevillas, entre otros. Xaquín Lorenzo, a quien el próximo año se le dedica el Día das Letras, publicó en el Seminario de Hamburgo y se reconoció discípulo de Krüger. Para que hoy podamos ver estas joyas de la etnografía tuvieron que pasar numerosas circunstancias. Tras formar parte de los fondos del seminario de Hamburgo, Krüger las lleva para Argentina en 1948, país donde se instala tras haber sido decano de facultad en época nazi. Morirá en 1974 en Mendoza, a donde llegó en 1996 el investigador catalán Ignasi Ros. Allí localizó a los herederos de Krüger y recuperó las fotos que habían sobrevivido en 1943 a los bombardeos aliados sobre Hamburgo. Puesto en contacto con González Reboredo y con la Diputación, las fotos llegaron finalmente a Lugo.