LA TRIBUNA | O |
25 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EL SECRETARIO de organización del PSOE de Sarria, Miguel Ángel Fernández, se ha metido a conciencia en un proyecto de compaginar su militancia política en el socialismo con sus convicciones cristianas. Es de alabar que una persona trate de reivindicar los valores cristianos en estos tiempos que corren y sobre todo, que lo haga desde la política. Desde luego que la enseñanza de Cristo era la de procurar el bien para el prójimo antes que para uno mismo. Y eso es también en síntesis lo que debería ser la política. Pero por desgracia que no lo es. Actualmente la política es una profesión bien pagada y la mayor parte de los ciudadanos tienen la concepción de que los políticos alcanzan un nivel de vida superior a la media. No se dedican normalmente a la función pública después de su trabajo y gratuitamente, sino que suelen hacer de la política su medio de vida, independientemente de los resultados que consigan o les dejen conseguir para la sociedad a la que representan. Pues bien, ante este panorama, una postura como la de Miguel Ángel Fernández, que trata de aplicar a la política su cristinanismo comprometido, es para levantarle el sombrero y volver a tener esperanza en el futuro. Pero al mismo tiempo, la realidad se impone y entran ganas de decirle a Miguel Ángel: Querido amigo, hay cosas imposibles en la vida. A estas alturas, ni el propio Cristo sería capaz de darle la vuelta al calcetín. Está ya podrido. Será mejor tirarlo y tejer uno nuevo.