LA TRIBUNA | O |
20 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.AHORA que la nueva carretera de Becerreá, en su tramo Sarria-O Morelle, luce esplendorosa por su amplitud es cuando se echan en falta unas mínimas medidas de seguridad que eviten que sea una trampa mortal para los peatones. En el núclo urbano de Vilar de Sarria, amplio, por cierto, no hay ni un sólo semáforo que limite la velocidad de los vehículos, ni siquiera un paso de peatones por el que puedan atravesar con un mínimo de confianza. De las aceras, mejor ni hablar, aún cuando se trate de algo tan evidente que su ausencia resulte llamativa. A estos inconvenientes, hay que añadir el meramente crematístico, y no olvidar que tres años después de llevar a cabo la expropiación de los terrenos, los propietarios que han recurrido la estimación oficial y se han acogido al justiprecio todavía no tienen constancia de que sus demandas hayan sido atendidas. Y es penoso que una administración que se dice eficiente y ágil demore sine die los procedimientos y la satisfacción de sus deudas. Parece de sentido común que las obras públicas, precisamente por eso, porque son de todos, deben asegurar primeramente la integridad de los ciudadanos y no olvidar tampoco sus demandas en el fundo de un cajón. Muchos son los que a diario lo sufren y pierden la paciencia por el mutismo institucional. ¿Hasta cuando?