TRIBUNA | O |
08 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ES LO mínimo que puede decirse en Sarria los domingos por la mañana: las aceras llenas de vasos, botellas y cristales rotos, los restos de la batalla campal nocturna esparcidos aquí y allá, y del peor gusto, por cierto... Y los vecinos, hartos de aguantar las gamberradas y de tener que limpiar lo que otros ensucian. Ya no se trata de una simple falta de civismo, sino de auténtico descaro. Aquel que no mantiene las mínimas normas de convivencia debe ocuparse de reparar los desperfectos. Eso o habilitar un área específica y reservada para el botellón y las juergas del fin de semana. Un espacio, en todo caso, al cuidado de quienes lo utilicen y bajo la responsabilidad de mantenerlo en buen estado. En cuanto a los que beben en los bares y pubs, que en el fondo es lo mismo, nos preguntamos cuántos alcohólicos surgirán de los desmanes de los sábados. Y también si no hay otras alternativas de ocio que no consistan en ahogar los mejores años de la vida en el fondo de una botella. Algún revulsivo saludable habrá que buscar para que, libremente, los jóvenes mayores de edad escojan otra cosa, para que se sientan individuos y no parte de un rebaño. Algo habrá que hacer para frenar y reorientar lo que insensiblemente ha ido desembocando en esta dinámica que conduce al embotamiento y la total desorientación.