LA TRIBUNA | O |
04 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA ENTREGA del premio Cervantes a Rafael Sánchez Ferlosio, el pasado sábado, puso de relieve, además de los acertados discursos deL Rey y el propio galardonado, una brillantez innegable en la intervención de la ministra de Cultura, Carmen Calvo. Con voz cristalina, pausada yz rotunda, fue desgranando una visión del Quijote muy personal. Apeló a las fibras más íntimas del ser humano, a su idealismo y a su desesperanza. Y todo ello con los pies en el suelo, sin la libertad, a la que en más de una ocasión se refirió, constituye el fundamento de la dignidad humana. Libertad para pensar y también para expresarse y conducirse. En el cuarto centenario del Quijote es reconfortante comprobar que los valores que se proclaman como buenos sean los del idealismo. Seguramente esa capacidad para crear su propio mundo es lo que más atrae en el Ingenioso Hidalgo. Frente a una sociedad consumista, hedonista, como la nuestra, subsiste la nostalgia de un mundo que puede y debe edificarse desde el interior para que irradie hasta fuera. Simbólicamente, así nos lo ha dicho el genial personaje; de manera más directa Carmen Calvo en su discurso. Una mujer que, puso de manifiesto una gran calidad humana. Es un orgullo que haya sido una voz femenina, quien haya hecho esa lectura profunda y acertada de la obra cervantina, única y universal.