Rastros de un seísmo mítico

Francisco Albo
Francisco Albo MONFORTE

LEMOS

Reportaje | Aniversario de una catástrofe histórica El Colegio del Cardenal de Monforte conserva algunas de las pocas huellas físicas visibles que quedan en Galicia del gran terremoto que destruyó Lisboa hace 250 años

01 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?l Colegio de la Compañía de Monforte se caracteriza, entre otras muchas cosas, por ser uno de los escasos lugares de la Península en los que aún resultan bien visibles las huellas del gran terremoto de Lisboa, cuyo 250 aniversario se conmemora estos días con numerosos actos en Portugal y en otros países. Los efectos del seísmo del día de Todos los Santos de 1755 son especialmente perceptibles en la iglesia del Colegio. Dos de las figuras policromadas de ángeles que sostienen el escudo del cardenal Rodrigo de Castro en las pechinas de la cúpula perdieron cada una un ala a consecuencia de la sacudida y así han permanecido desde entonces. El temblor de tierra, además, derribó parcialmente una de las torres del edificio, que hubo de ser reconstruida. También removió la cúpula de la iglesia y abrió unas grietas en el arco superior del presbiterio y en el muro situado por detrás del altar mayor esculpido por Francisco de Moure. algunas de esas hendiduras aún se pueden percibir hoy en día, pese a las diversas reparaciones efectuadas desde el siglo XVIII. El gran retablo de Moure, sin embargo, oculta de la vista la mayor de estas grietas. La gravedad de los daños obligó años más tarde, en 1786, a reparar el cimborrio -el cuerpo cilíndrico que sostiene la cúpula-, que amenazaba ruina. Pero los estragos causados por el seísmo en el edificio monumental no quedaron ahí. Otras secuelas del antiguo terremoto, menos evidentes que las cicatrices visibles en las iglesia, fueron detectadas en diversas partes de la construcción durante las obras de restauración que se llevaron a cabo a finales de los años noventa. Los técnicos italianos que contrató por entonces la Dirección Xeral de Patrimonio para examinar a fondo el edificio y determinar sus principales problemas de conservación no dudaron en atribuir al seísmo de 1755 los desperfectos y grietas que se registraron en la llamada escalera real y en otras zonas. El movimiento sísmico, por el contrario, no afectó a otros edificios históricos monfortinos. La iglesia y el monasterio de San Vicente do Pino no sufrieron ningún desperfecto, debido seguramente a que están levantados sobre una fuerte cimentación en roca viva.