Las lenguas maledicentes dicen que las elecciones de la Cámara refeljaron la situación del PP y a Cacharro lo sitúan al lado de Mosteirín. -Yo con el señor Cacharro no hablé absolutamente nada de la Cámara de Comercio desde hace años. Ni descolgué el teléfono para pedir ayuda, ni él lo hizo para ofrecérmela. Eso sí, me acaba de mandar un telegrama para felicitarme. -¿Qué pasará si Sánchez Vilariño continúa en la Fundación CEL? -Yo no lo sé. Es una cosa que él debe de tener en consideración, yo le pedí la dimisión y seguramente se la va a pedir más gente. -Usted dijo que había hecho la comunión con Sánchez Vilariño... -Y es cierto, y con Luis Abelleira, en Los Maristas y tengo la foto. -¿Qué pasó para que una amistad de la infancia pase a ser enemistad manifiesta? -En el terreno profesional y personal le deseo lo mejor del mundo. Nunca seré yo el que le ponga la más mínima traba en esos aspectos. Pero, en el institucional le pondré todas las que estén a mi alcance. Porque Sánchez Vilariño tiene una forma especial de pagarles a los amigos y a mí no me gustó y no debe de gustarle a mucha gente porque cada vez su número se reduce sensiblemente. Cuando hubo que defenderlo yo ocupé las primeras páginas de los periódicos. Me pagó cuando presenté mi propuesta para un miembro del pleno porque había habido una baja y tentó cómo estaba el sillón de la Cámara. Pidió una votación secreta. El resultado fue escandaloso y ahí empezó el declive. A mí me pasa eso en la CEL y antes de decir lo que dijo él me corto la lengua.