TRIBUNA | O |
06 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LLEGÓ Rajoy a la cita en el Concello de Lugo con más de veinte minutos de retraso e hizo esperar al alcalde, a los portavoces municipales, a la prensa y a todos los que le aguardaban. Menos mal que pudo achacarlo a un retraso del avión, pero en toda la mañana no fue capaz de gestionar bien su tiempo, toda la visita en Lugo siguió a trompicones, tal como había empezado. Alguien que aspira a gobernar tiene que controlar el tiempo, y también las formas, porque ya que un alcalde del PSOE le deja firmar en el libro de oro del Concello, debería parecer contento por ello, y no llegar tarde y a regañadientes después de estar haciendo la espera en un hotel al lado del Concello. Si no le apetecía firmar en el libro, hubiese sido mejor rechazar la invitación de Orozco. En eso fue más fino Cacharro: no le apetecía estar y no estuvo, porque como bien se sabe, es un hombre que domina bien los tiempos. Y la prueba de que su ausencia era calculada fue la excusa no pedida de Barreiro: «Está de viaje en otra ciudad» Ja, ja!! Menos mal que colaboró suspendiendo la rueda de prensa a la misma hora. Ya digo, una jornada atrompiconada. Menos mal que el candidato García Díez mantiene alto el listón: siempre en su sitio como un gentelman, puntual, afable pero natural y cercano, sin meterse en jardines ajenos, y cediendo el paso a los de Madrid y Santiago para que tengan su día. Luego, si pasan por Lugo como si esto fuese un pueblo, será problema de ellos. Al final quien tiene que enfrentarse a las urnas y a Orozco es él. Lo único positivo de ayer es que los lucenses tendrán al menos dos candidatos a la altura de las circunstancias. Se supone lo mismo del Bloque y de las otras alternativas que llegarán, y por tanto no tenemos nada que envidiar a los políticos de fuera.