«Si hacen un equipo sénior de baloncesto en Vilalba, me encantaría volver a jugar con ellos»

La Voz

LEMOS

02 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La sonrisa del obispo es permanente. No la pierde mientras habla por teléfono ni cuando frunce el ceño para meditar una pregunta. Goza de un estado de buen humor que destila sencillez y cercanía. Parece conservar las virtudes de aquel joven deportista que disfrutaba la victoria con sencillez y encajaba la derrota con una sonrisa. -Seguro que aún recuerda sus últimos partidos de baloncesto en Vilalba. ¿Se animaría a una reaparición? -(Risas). Jugué los últimos partidos en el pabellón y en el instituto. Pero si los de mi generación hacen un equipo sénior, me encantaría volver a jugar con ellos. Cuando me fui a Madrid, todavía jugué un tiempo, pero notaba que iba perdiendo flexibilidad y empecé a tener tirones y a pasar al baloncesto sénior. Después lo fui dejando. -¿Y cuándo fue la última vez que hizo un largo paseo por el río Magdalena con su tío, el cardenal Rouco? -Este verano. Cuando coincidimos, siempre damos grandes paseos por la mañana, de unos diez kilómetros. -Cuéntenos alguna de las batallas de infancia con sus compañeros de Vilalba -Recuerdo un juego de una de las maestras, doña Chari, que nos ponía en fila india y subíamos o bajábamos puestos en la fila según lo bien que leíamos en alto. Y recuerdo otra anécdota con doña Sagrario, que nos castigó por algo sin poder salir al recreo en la Alameda. Dijo que no habría más recreo hasta que resolviésemos unos problemas de interés compuesto -creo que hoy no sabría hacerlos- y en 20 minutos los resolví y pudimos volver a tener recreos. Y me sentí muy orgulloso de la hazaña. (risas) -¿Donde fue su ordenación y como la recuerda? -Fue aquí, en la iglesia Santa María. (al lado de su casa de Vilalba). La recuerdo con mucho cariño; vinieron muchos amigos y sacerdotes. La ordenación significa mucho en tu vida, y se va entendiendo mejor con el tiempo. Y recuerdo con mucha gracia la comida posterior, porque mis amigos suizos dijeron que no habían comido tan bien en su vida. (risas). Ellos tenían ceremonias frugales, de una sola copa de vino, y por la raya. Nunca habían ido a un almuerzo con almejas, pescado y carne, repitiendo cada plato.