El sábado suele ser de calentamiento, y el domingo el día de las multitudes. Pero esta vez no hubo que esperar. Miles de personas llenaron ayer Sober para disfrutar del primer día de la Feira do Viño de Amandi. La inauguración oficial discurrió por la mañana con mucha tranquilidad. Con puestos todavía sin abrir, un tiempo desapacible y pocos visitantes por las calles de Sober, parecía que el primer día iba a ser de los tranquilos. Por la tarde, sin embargo, la carpa de las bodegas estaba más llena que nunca. Igual que el resto del pueblo. Esta vez le tocó a un niño la responsabilidad del ritual corte de la vid que cada año sirve para inaugurar el certamen. José García Rodríguez, de 10 años, dio el tijeretazo ayudado por su pariente Pedro Rodríguez, de la bodega Guímaro, y por otro que se estrenaba en estas lides, el alcalde José Gómez. A esas horas, las diecinueve bodegas que este año participan en la feria apenas habían empezado a descorchar las botellas, y en el resto de la plaza y las calles próximas todavía no estaban instalados todos los puestos de venta ambulantes. El ambiente continuó pausado durante el resto de la mañana, pero eso iba a cambiar en pocas horas. A media tarde, centenares de personas se amontonaban frente a los puestos de las bodegas y muchas más llenaban los bares y las calles de la localidad. Se da la circunstancia de que este año la carpa de las bodegas tiene por primera vez hora de cierre. Lo previsto por la organización era que a las once de la noche los puestos echasen el cierre, de forma que el público que quisiese seguir la fiesta en Sober durante la madrugada tendría que repartirse por los bares del pueblo.