Los bosques de O Courel tienen unos 4.000 años de edad

La Voz

LEMOS

03 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Las investigaciones realizadas hasta ahora por el instituto universitario de geología ha permitido reconstruir con gran precisión la evolución de clima en la sierra desde hace unos 14.000 años -en la última etapa de la era glacial- hasta la actualidad. El proceso es análogo al observado en otras zonas del hemisferio norte afectadas por la glaciación. Al fundirse los glaciares -lo que empezó a ocurrir hace unos 10.000 años-, las temperaturas y las precipitaciones fueron aumentando de forma gradual, permitiendo que las montañas fuesen colonizadas por nuevas especies vegetales y que el paisaje adquiriese poco a poco el aspecto que ofrece en la actualidad.

«Los bosques y los demás ecosistemas de O????????Courel, tal como los conocemos hoy, se formaron hace entre 3.000 y 4.000 años», apunta Vidal Romaní a este respecto. «Algunas especies de árboles características de la sierra, como las hayas o los tejos, aún no estaban presentes en las épocas más marcadas por la glaciación, aunque sí había pequeñas manchas dispersas de otras especies que hoy también son propias de la zona, como pinos, robles y abedules», añade.

Cambios en la fauna

Durante la última glaciación, por otro lado, las épocas de frío más extremo se alternaron con períodos algo más cálidos. Los cambios climáticos del pasado, además de influir en la vegetación, también alteraron considerablemente el modo de vida de la fauna local, según las investigaciones que realiza desde hace años la paleontóloga Aurora Grandal d'Anglade, que trabaja igualmente en el Instituto de Xeoloxía. En los yacimientos fósiles que se conservan estas cuevas se ha podido comprobar que en las épocas en las que las temperaturas fueron más moderadas, los animales -osos pardos, osos cavernarios, diversas especies de herbívoros- poblaban las zonas altas de la sierra, que abandonaban cuando el frío se volvía más intenso y el hielo recuperaba terreno. «En esos períodos, la fauna dejaba de frecuentar las cuevas más altas, aunque el hielo no llegase a entrar en ellas, y se concentraba en las zonas bajas», señala Vidal Romaní.

En los yacimientos de la montaña lucense también se pudo registrar un fenómeno biológico asociado a los antiguos cambios climáticos que se ha observado en otras zonas de Europa: la reducción del tamaño corporal de algunas especies animales en las épocas de más frío, seguramente para adaptarse a la escasez de alimento y para disminuir el gasto de energía de sus organismos. Aurora Grandal descubrió casos de este tipo en ejemplares fósiles de cérvidos y de un tipo peculiar de vaca enana que en tiempos prehistóricos formaron parte de la fauna de la sierra.