Giuliani no pensaba en Plinio

LEMOS

Cámara y Diputación no se entienden para la promoción del turismo mientras siguen los robos en locales de hostelería

28 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, provincia peculiar, es tierra rica en bares, cafés, tabernas y tascas. En estos días de crisis económica y paro, hay quienes, fuera de horario de servicio, han decidido visitarlos, sin permiso del dueño ni licencia de la autoridad, para aligerar de peso las cajas registradoras, descarte de botellas varias y limpieza del alma de las máquinas recreativas. Lo que sufren los bares lucenses no es una oleada de robos, no; son «episodios», que lo dijo no hace mucho uno de esos lucenses encargados de que las estadísticas del Gobierno luzcan aparentes, y también, al menos sobre el papel, de que los cacos estén en paro el mayor tiempo posible. En lo primero, en lo de las estadísticas, algún éxito parece tener; en lo otro, no tanto. Alguien, con memoria de contable, lleva anotados ocho robos en un mes en establecimientos de hostelería de la provincia. Oleada no será, pero sí una rápida sucesión de episodios adversos, que dicen los meteorólogos.

En los últimos meses, el público lucense se entera, porque lo cuentan los medios de comunicación, al mismo tiempo de los robos en los bares y de la presencia de policías locales en los juzgados, para declarar como imputados por la supuesta retirada irregular de multas de tráfico. Junto a la noticia de la visita no autorizada de los cacos a la tasca, la de agentes del orden bajo la lupa judicial por el caso de las multas. El presidente provincial de los hosteleros, José Francisco Real , expuso con claridad recientemente la preocupación del sector de hostelería por los frecuentes robos que sufre. Pero no dijo nada, como no lo han hecho otros muchos líderes sociales, de que detrás de los problemas en los cuerpos y fuerzas de seguridad hay responsables profesionales y políticos; los mismos que tienen la obligación de prevenir el delito.

Quizá convenga al subdelegado, José Vázquez Portomeñe , al alcalde López Orozco , a su concejal José Rábade y a algunos otros echar mano cuanto antes de las técnicas de investigación del agente Plinio y de su colaborador el veterinario Lotario . Quizá no lo encuentren en Tomelloso, pero sí están en cualquier librería de la provincia. En los métodos del policía creado por García Pavón igual encuentran inspiración quienes tienen que evitar que los cacos se lleven los ingresos de mesoneros y taberneros, de los restauradores en general.

Los asuntos policiales ayudan mucho a equiparar a Lugo con las grandes capitales. Mira por dónde al alcalde de Madrid le pasa con la Policía Local algo parecido a lo que le ocurre al socialista Orozco en Lugo. No, no por el asunto de la presunta retirada de multas; no. Les ocurre algo parecido en la tenaz resistencia que encuentran los planes de sus gobiernos en el campo laboral en la Policía Local. Y ya es casualidad que el concejal que manda a los policías municipales en Madrid sea de Lugo, aunque nació en Ponferrada. Pedro Calvo Poch , que fue responsable de Nuevas Generaciones de Lugo, y también de España, anda estos días en batalla con los sindicatos policiales, que no están por la labor de pasar por el aro de los planes de Gallardón . Con Pedro Calvo, NN.GG. de Lugo vivió algunos de sus mejores momentos. Parece que nunca se sintió debidamente arropado por Francisco Cacharro Pardo , entonces jefe del PP lucense. Pese a todo, ahí está, al frente de la seguridad en el Ayuntamiento de Madrid, como antes fue consejero de Medio Ambiente.

Calvo, motero, no tiene problemas para que los agentes que dirige patrullen en moto, contrariamente a lo que ocurre en Lugo. Seguro que Poch no tiene inconveniente en explicarle a su colega Rábade cómo lo consigue, cómo logra que en una ciudad en la que hace frío los policías patrullen en moto. También se lo puede preguntar a Alfredo Mosteirín , presidente de la Cámara, que hizo de la de Lugo una policía que mereciese tal nombre. Estos días, Mosteirín recupera lugar privilegiado en los medios informativos a cuenta del varapalo que le dedica a la gestión del socialista Gómez Besteiro por la política de la Diputación en turismo.

Lugo, ya se sabe, es provincia singular, dada al minifundio así en la política como en lo económico. Por eso, las cosas van como van, por eso la Diputación y la Cámara son incapaces de crear una herramienta conjunta para el fomento del turismo. Lugo, es un hecho, tiene déficit de liderazgo político, social y empresarial. Son muchos los indicadores que lo confirman. Pero hay uno que no falla. El ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, avisó de que la principal virtud del líder es la lealtad. Y de eso aquí hay lo que hay.