La ópera y las balas

LEMOS

26 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Si Mourinho encargara un vídeo para motivar a sus jugadores, ¿qué música elegiría? Pep Guardiola, en sus conocidas incursiones en la psicología audiovisual, optó por aplicar el Viva la vida de Coldplay en el vestuario. Agitó un cóctel con imágenes de Gladiator y de sus propios jugadores con el Nessun Dorma de Puccini antes de la final de la Champions de Roma. Y acabó con la pegadiza Waitin'on a Sunny Day (esperando por un día soleado), de Bruce Springsteen, la pieza con la que espoleó a los suyos antes del último partido de Liga ante el Valladolid.

¿Y Mourinho? No es complicado imaginarse al entrenador portugués galopando hacia nuevos títulos a lomos de la Cabalgata de las valquirias, de Wagner, mientras comenta que le encanta el olor a napalm por las mañanas, en una versión naíf y merengue de Apocalypse Now . Tampoco es necesario hacer un ejercicio supremo de fantasía para pensar en un vestuario madridista con obligatorios politonos de corte marcial.

En todo caso, Mou no engaña a nadie con su música. No ha ocultado su estilo. Ni sus pretensiones. No vende sensaciones ni excelencia. Ofrece la victoria en su mayor desnudez, sin ornamentaciones. Para el doble campeón de la Champions lo importante no es el camino. Ni se hace camino al andar. Lo esencial es llegar. Todo lo demás es paisaje prescindible, quizás bello, pero accesorio. Y él, que ha llegado y ya está de vuelta, puede permitirse defender estos principios con toda crudeza.

Quizás algunos que ahora jalean el desembarco de Mourinho no tarden mucho en rasgarse las vestiduras al comprobar que, cuando el Real Madrid juega en el Santiago Bernabéu, no endulza el aire de la noche un aria de Puccini. Será cuestión de oído. Porque todos conocían previamente la partitura. Y no era ópera lo que sonaba. Eran balas.