Una mañana cualquiera en el hospital de Monforte. Consulta del oculista. «Mire aquí, ¿qué letra ve? Erre. Muy bien, ¿esta otra? Una e. ¿Y esta? Ese. ¿Y estas otras?... I, ge, ene, a, ce, otra vez i. Perfecto, siga. Esa es una o. Y por último ¿esta es una...? N». Sí, la palabra es resignación. Es lo único que ofrecen en el hospital de Monforte a los pacientes que esperan cita para que los vea el oculista. Quizás mañana sea para el cirujano, al otro para el cardiólogo y así el hospital y los ciudadanos vayamos entrando en una senda, para ellos ideal y mundial de «con uns e con outros, non hai nada que facer con eles».
La nueva denuncia de la Plataforma en Defensa da Sanidade Pública de Monforte por el colapso, o mejor dicho infarto, de las listas de espera de oftalmología no tardó en llegar en forma de recortes de prensa a la consellería en Santiago, que sin verificar la situación real sacó otra nota negándolo todo. De esta manera el equipo directivo del hospital, ha pasado de querer ponerlo en la avanzadilla del siglo XXI ha convertirse en un mero ayudante del gabinete de prensa de Sanidade. Es lo que suele pasar cuando en vez de verdaderos gestores de los derechos ciudadanos básicos hay «ojeadores» mandados desde los despachos o desde la avenida de Galicia para ver qué sucede en las asambleas vecinales y en las charlas informativas. No acaban de creerse la masiva manifestación del 13 de mayo y siguen como tanteando las posibilidades de reacción de la ciudadanía. Son los síntomas premonitorios de la verdadera voluntad política de la consellería, por encima de anuncios y promesas. Es como representa el humorista gráfico El Roto con una larga varilla que introduce por la boca a un paciente mientras le dice: «¡Ah, pillín, te habías tragado todas las mentiras!».
Como el poso que deja el vino viejo cuando preparamos una cuba para la uva nueva, recuerdo ahora aquella, para mí, inolvidable respuesta de un miembro del equipo de la conselleira de Sanidade a las listas de espera: «Es lo que hay». Y a la pregunta de por qué se envían pacientes a las clínicas privadas me dijo como el que trae la lección aprendida: «Para facilitar su libertad de elección». Y yo me pregunto, ¿de que libertad de elección habla este señor? ¿De la que tienen por ejemplo el 90% de las personas de más de 65 años que viven en Sober, Pantón o A???????Pobra do Brollón? No, no es libertad de elección, es más bien un artificio para recortar un derecho a la sanidad pública con independencia de la edad que tengas, el lugar en que vivas y el dinero que tengas. Es el caldo gordo al negocio con la sanidad.
Me niego a que la imagen de un hombre que apoya la cara en su mano abierta mientras espera que le llamen a la consulta, publicada hace poco en este periódico, sea la foto fija de mis vecinos de Monforte y comarca. Tenemos una joya, un patrimonio de todos que hay que cuidar. No debemos dejar que otros tomen las riendas por nosotros. Participemos en las reuniones familiares, comunidades de vecinos, asociaciones de vecinos (la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Galicia y la Federación de Lugo se han posicionado a favor de una sanidad pública), plataformas ciudadanas, sindicatos, partidos o aficionados al mus en el orgullo y el cuidado de lo que es nuestro.