Hace ya trece años y medio, los cuatro grupos (PP, BNG, PSOE y CNG) que formaban la corporación monfortina, aprobaron una moción que entre otras cosas planteaba: 1. La oposición al by-pass aunque en caso de ser precisa una variante ésta no debe suprimir el paso de trenes por la estación de Monforte. 2. Las posibles obras de modernización no deben suponer pérdida de empleo, aunque en caso de que la hubiera tendría que ser compensada con nuevos servicios. Los sindicatos de la entonces Renfe emprendieron una campaña jamás vista en Monforte: calificaron aquello de «puñalada por la espalda», repartieron octavillas con los retratos de los portavoces políticos con el texto: «Se buscan. Estos son los principales traidores». Todo acabó con un pacto entre sindicatos y gobierno local del PP en el que se descartaba la eliminación de «retrocesos» mediante una variante ferroviaria.
Los años han pasado, algunos de aquellos sindicalistas se jubilaron, otros se marcharon y otros asumieron responsabilidades políticas. Mientras tanto Renfe, y ahora Adif, se han ido puliendo buena parte de la plantilla de la estación (1990-2000 la reducción fue del 49 %). En 1999, Renfe suprimía las paradas de los trenes regionales entre Monforte y Sarria. En el 2000 un tren regional se atasca a la entrada de un túnel en Oural y Renfe intenta suprimir la sección monfortina de trenes regionales. En el 2001 se modifican horarios sin anuncio previo a los usuarios. En el 2008, Renfe intenta suprimir las paradas del tren nocturno a Madrid. Y en el 2010 intenta suprimir la circulación diaria del tren nocturno a Barcelona y Xunta-Ministerio de Fomento-Renfe aprovechan la «crisis» para anunciar la supresión de los cuatro regionales que quedaban a Lugo y Coruña.
Como no corre la savia por los árboles del Campo de San Antonio ni la sangre por las venas de nuestros políticos y sindicalistas, viene un sábado un ministro empujando a un alto cargo para que presente otra vez la variante ferroviaria-solución definitiva (reedición del 97) que «respeta el carácter ferroviario» de Monforte y que no tiene contrapartida real alguna más que unas preciosas vistas a un futuro que no acaba de llegar: la cantinela del puerto seco y centro de mercancías. Creo que al llegar a eso de «respetar el carácter ferroviario de Monforte» ninguno de los políticos se aflojó, por la incomodidad, el nudo de la corbata y que la presión en el gaznate se agudizó cuando el ministro aludía al papel de Monforte en la modernización de las comunicaciones del noroeste desde 1883. «No te creas, son muy lavaos», dice mi compañero en el asilo (¡Apertura residencia del Morín ya!) mientras miramos por la ventana, hacia las hierbas que crecen por donde antes estaba la vía del tren que iba a Coruña.