E l verano monfortino se cierra cada año llegado el 21 de septiembre, día de San Mateo. Romería y fiesta, tradición y familia. Cada año recuerdo esta fecha y su simbolismo. Invade cierta nostalgia de los que ya no están pero siguen estando dentro de nosotros mientras vivamos. De luz y alegría en la fiesta y romería de A Parte y de un santo y un día del que poco se sabe que no sea lúdico, festivo y donde a pesar de que romeros y vecinos digan como cada año que había menos gente que otros, lo cierto es que las fiestas, sin música la víspera, con más austeridad que de costumbre, estaban abarrotadas de monfortinos y foráneos, de ilusión y alegría sobre todo en el comer, el buen beber y disfrutar.
Pocos proliferan a los actos religiosos, a saber siquiera algo de los milagros del santo. Recuerdo cómo no, a Don Manuel, Don Manuel López Veiga, el cura de A Parte, hombre entrañable y generoso como pocos, de una bondad y humildad infinita al servicio de sus feligreses y vecinos. Cada año nos reuníamos allí, en la vieja rectoral pegada a la pequeña iglesia, con su patio inmenso y las escaleras de piedra. La vieja ama de llaves de Don Manuel, la tía Genoveva era un torrente de trabajo, de alegría y humor. Aquella casa siempre estaba abierta a todos, con la alegría de la amistad y la entrega. Cuando aquella casa se cerró seguimos aún dos años celebrado tal día en el barrio de la Estación. Don Manuel sabía juntar.
Son recuerdos del alma monfortina.