Estalagmitas que conservan los datos climáticos de setenta épocas diferentes

Francisco Albo
francisco albo QUIROGA / LA VOZ

LEMOS

UDC - IUX

El museo de Quiroga recibirá en breve una pieza utilizada en una singular investigación en la sierra de O Courel

15 mar 2016 . Actualizado a las 12:36 h.

El Instituto Universitario de Xeoloxía de A Coruña entregará en breve plazo -posiblemente la semana próxima- una pieza singular al museo geológico de Quiroga. Se trata de una de las estalagmitas de las cuevas de la sierra de O Courel que fueron utilizadas en un largo y complejo estudio sobre los climas prehistóricos de las sierras lucenses. Un trabajo que recoge los resultados de esta investigación será publicado a lo largo de este año en una revista científica internacional. El análisis de estas estalagmitas -extraídas de las cuevas de Arcoia, Tara y Paleira- ha permitido elaborar la secuencia más larga de datos climáticos fósiles obtenida hasta el momento en el interior de la península, con una antigüedad máxima de en torno a 550.000 años.

En el curso de esta investigación -en la que también han participado especialistas de varias universidades estadounidenses y de China-, los científicos pudieron obtener datos de temperatura y humedad correspondientes a setenta momentos climáticos diferentes. Para ello se analizaron los isótopos de oxígeno y carbono que fueron quedando atrapados dentro de las estalagmitas durante su lenta formación. La técnica de datación radiométrica conocida como uranio-torio permitió determinar con precisión la antigüedad de cada uno de los fragmentos de roca caliza que se utilizaron en el estudio y situar en el tiempo los diferentes períodos climáticos que fueron dejando sus huellas en el mineral.

Períodos interglaciales

Todos estos datos climáticos corresponden a los llamados interglaciales, los períodos más calidos que discurren entre dos glaciaciones. La información obtenida pertenece a dos de estas épocas: el denominado interglacial Riss-Würm -entre las dos últimas glaciaciones- y el Holoceno, el período geoclimático actual, que empezó hace unos 15.000 años.

Los autores del estudio esperan que este caudal de datos sobre los climas antiguos sea de gran utilidad para otros investigadores que estudian las poblaciones animales y humanas que ocuparon estos territorios durante la prehistoria remota. Juan Ramón Vidal Romaní, director del referido instituto y uno de los responsables de este proyecto de investigación, señala por otro lado que el estudio confirma las previsiones de los climatólogos con respecto a la posible evolucón de las condiciones ambientales del noroeste ibérico en el futuro. De acuerdo con los datos extraídos de las estalagmitas, hasta la próxima glaciación hay que esperar que el clima de la zona se vaya volviendo paulatinamente más cálido y seco, aunque no llegue a serlo tanto como el de otras zonas situadas más al sur de la península. «Los datos que tenemos nos indican que eso fue lo que sucedió durante los anteriores períodos interglaciales y por lo tanto lo más probable es que este fenómeno vuelva a suceder en el futuro», explica el geólogo.

Las cuevas calizas pueden tener muchos millones de años de antigüedad

Según explica Vidal Romaní, el estudio climático de las estalagmitas ayuda a hacerse una idea más clara de la antigüedad que pueden tener las cuevas calizas de la sierra de O Courel. «La estalagmita de Arcoia con la que se consiguió la datación climática más antigua tiene 550.000 años -señala el geólogo-, pero hay que tener en cuenta que es solo una pequeña formación caliza que empezó a crearse en una época en la que con toda seguridad esa cueva llevaba ya mucho tiempo existiendo». A su juicio, no sería extraño que Arcoia y otras grutas calcáreas de la sierra cuente dos, cinco o más millones de años de edad. «Pueden tener aún mucho más, porque la propia sierra se formó en un período geológico que se desarrolló entre hace 65 y veinticuatro millones de años, y es lógico suponer que los orígenes de algunas cuevas se remontan a esos tiempos», agrega.

Por otro lado, Vidal espera que su instituto siga realizando en los próximos años nuevas investigaciones científicas en las grutas de la zona, donde en su opinión se pueden hacer muchos hallazgos importantes en el futuro. «Es muy probable que en las cuevas de la sierra se conserven restos fósiles de animales e incluso también de humanos de esas etapas de la prehistoria, y gracias al estudio de las estalagmitas podemos saber cómo era por entonces el clima de la zona», apunta. «Ahora pudimos datar una estalagmita de hace más de medio millón de años y no hay que descartar que lleguen a aparecer también fósiles de época o de períodos mucho más antiguos», concluye.

La zona conoció un peculiar glaciarismo húmedo parecido al de Nueva Zelanda

Los resultados de las últimas investigaciones inclinan a los científicos a pensar que durante la última eral glaciar la sierra conoció un tipo muy peculiar de glaciarismo húmedo que hoy puede verse en algunas partes del mundo, como Nueva Zelanda. «Consiste en que las condiciones climáticas y ambientales que hacen que se formen los glaciares se limitan a una zona muy concreta, en la que se encuentran precisamente las masas de hielo», indica Vidal Romaní. «Pero montaña abajo, a poca distancia de los glaciares, las condiciones ambientales ya son muy distintas y en esos territorios pueden crecer bosques espesos, e incluso bosques de tipo tropical, que es lo que sucede en Nueva Zelanda», añade.

El hecho de que se diese en la sierra este tipo de glaciarismo, apunta por otro lado el geólogo, significa que el hielo se fundía con frecuencia y que originaba importantes flujos de agua. Este proceso tuvo una gran influencia en la formación de las cuevas calizas. Contrariamente a lo que puede creerse, cuanto mayor sea la cantidad de agua que se filtra en el interior de una gruta, más difícil es que se desarrollen estalactitas, estalagmitas y otras formaciones calizas. «Si el goteo es muy intenso y muy continuado, los carbonatos no llegan a precipitar y el crecimiento de los espeleotemas se detiene», dice Vidal. Eso fue lo que ocurrió con las estalagmitas utilizadas en el estudio. «La más grande tiene unos veinte centímetros de altura y una antigüedad de más de medio millón de años, lo que indica lo lentísimo que fue su crecimiento y las largas interrupciones que sufrió», comenta,

Sin huellas químicas

Esos períodos en los que el agua corrió con más abundancia por el interior de las grutas de O Courel no han dejado marcas químicas que permitan reconstruir los datos climáticos correspondientes a esas etapas concretas. Según explica Vidal Romaní, «el exceso de agua en las cuevas no solo hace más difícil que precipite el carbonato de calcio, sino que además reduce muchísimo la concentración de los minerales radiactivos que quedan atrapados en la roca caliza durante estos períodos, de manera que no podemos utilizarlos para reconstruir los climas»