La magia de las bodegas de Vilachá volvió a funcionar

Xosé Ramón Penoucos Blanco
x. r. penoucos LUGO /LA VOZ

A POBRA DO BROLLÓN

fotos: roi fernández

Cientos de personas acudieron durante toda la jornada a un certamen que cumplió su 26 edición

08 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Las feiras do viño son santo y seña en esta época en el sur de la provincia y suelen atraer a muchos visitantes, pero ninguna destila el atractivo de la de Vilachá, cuyo único problema es carecer del espacio suficiente para dar acogida a un público cada vez más numeroso.

La cita festivo de esta parroquia de A Pobra do Brollón cumplió 26 años e hizo gala nuevamente gala de su tirón popular tanto en la jornada inaugural del sábado a la que acudieron cientos de personas, como en la de ayer, que fue multitudinaria desde primera hora de la mañana.

El buen tiempo ya permitía adivinar que el lugar en el que se ubican las bodegas centenarias iba a ser insuficiente para albergar a tantos visitantes. Las previsiones de afluencia se cumplieron y obligaron a los organizadores a poner en marcha un plan de aparcamientos alternativo, habilitando varias fincas para evitar un monumental atasco. El buen hacer de la organización y el civismo de los visitantes hizo que el problema se solventara de inmediato y todos los que se acercaron a la fiesta encontraran acomodo para sus coches.

Buenas ventas

La elevada asistencia de gente se tradujo en una buena venta tanto de botellas, que se despacharon por un precio de cinco euros, como de vasos, que los asistentes pudieron paladear por el módico precio de un euro.

En esta ocasión tomaron parte en el certamen nueve cosecheros: Val do Frade, Outeiro, Os Conventos, San Mamed, Morales, Couso, Tonio, José Rodríguez y Trasmonte. Todos ellos destacaron las buenas ventas.

El momento de mayor overbooking fue al mediodía poco después del pregón, que este año corrió a cargo de la técnico de la Asociación Galega de Cooperativas Agrarias, Ruth Rodríguez Ferreiros, quien alabó tanto la calidad de los vinos de su tierra, como el encanto del lugar en el que se ubican las bodegas. Encontrar un hueco para saborear una ración de pulpo en ese momento fue una misión imposible, aunque al final todos pudieron comer, acompañando el cefalópodo de un buen vino de la zona.

Los participantes en el certamen aprovecharon la sobremesa para bailar al son de una charanga, aunque fueron muchos más los que optaron por interpretar sus propios cánticos imitando a los profesionales del canto de taberna que lucieron sus habilidades durante toda la jornada.