CUANDO vi que de cada palabra brotaban frases certeras con los colores del alfabeto supe que ya estábamos en abril y comencé a escribir la página que me estaba aguardando para agavillarla junto a otras y ofrecérsela a ustedes proclamando uno de los ejes vertebrales de cada primavera. Y supuse que en los primeros días del mes habrá llegado el cuco a la selva de Esmelle afinando en re su canto primero. Sabía que esta o aquella lluvia que se recortaba contra el paisaje desmayando el agua que se deshacía en cuentas de un collar hecho de gotas como un poema de Noriega, coincidía con el mes novicio. Lo vi en el oro viejo del tojo festoneando de amarillos todas las corredoiras, y fui testigo del día que se alargaba, que se desperezaba evitando la noche. En fin, que abril va ya mediado, la primavera fue un pórtico que agrupó la primera semana comprimiéndola en el éxodo de las ciudades y las caravanas de automóviles que colapsaban los pueblos, va mediado y casi se me escapa el artículo que de manera ritual escribo para recordar que este mes es todo fiesta para quienes creemos que el libro es la primera arma de construcción masiva, el talismán que cura todos los males que el espíritu contrae, la llave que abre las puertas de la tolerancia y la libertad. Y si el mes comienza con la conmemoración del día del libro infantil y juvenil que cada 2 de abril recuerda el nacimiento de Andersen, concluye en la última semana en torno al 23, fecha en la que se celebra el Día del Libro y la Lectura, recordando a Cervantes y Shakespeare, y a Molière y el Inca Garcilaso que nacieron ese mismo día en distintos años, aunque aquí la imaginación y la buena voluntad es siempre imprecisa. De cualquier manera, siempre viene bien un pretexto más o menos culto para defender el libro. Las ultimas noticias sectoriales dan cuenta de que se venden más libros pero se lee menos; hay demasiadas mesetas y páramos no lectores en el conjunto de comunidades que conforman España. Se edita con desmesura, el número de novedades es tan excesivo como cortas las tiradas, se reeditan pocos títulos y es difícil encontrar en las librerías ediciones de textos clásicos y de autores cuasi contemporáneos. Pero esa es otra historia y yo quería contar abril, que es una orgía de la naturaleza, cuando el mundo se manifiesta en su plenitud más evidente. El barniz de las hojas viste a los árboles de estreno, la luz de abril se filtra en un cedazo de transparencias, el cielo se dibuja y desdibuja sorprendiendo a los colores, la mar sestea y se alboroza en despertares que mece a su antojo y los hombres renuevan la esperanza que se reafirma en cada primavera. Todo eso y no sólo eso es abril. ¿Por qué me gustará tanto?