Iago Castro, ex segundo entrenador del Movistar Estudiantes: «Puedo ser un mejor primer entrenador de lo que soy como ayudante»

MILLÁN GÓMEZ LUGO

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Castro, en un entrenamiento con el Estudiantes en la Caja Mágica
Castro, en un entrenamiento con el Estudiantes en la Caja Mágica CEDIDA

El lucense valora su etapa como segundo técnico del equipo madrileño

30 jun 2025 . Actualizado a las 19:29 h.

Iago Castro Martínez (Lugo, 1995) ha sido segundo entrenador en el Estudiantes de Madrid, con el que alcanzó la «Final Four» de la Primera FEB 2025 perdiendo en semifinales. La temporada anterior fue primer técnico del filial del Celta Baloncesto y del Infantil A. Además, fue entrenador ayudante del Breogán entre 2019 y 2021 consiguiendo el ascenso a ACB y también segundo entrenador en el Cáceres en LEB Oro entre 2021 y 2023.

—¿Cómo valora la temporada 2023-2024 en el Celta?

—Fue una etapa distinta para mí porque llevaba mucho tiempo en el mundo profesional y bajar otra vez a la cantera fue un proceso complicado. Ya no solo por el femenino, sino por todo: femenino, cantera, cambias el profesionalismo por entrenar en infantiles. Pero las conclusiones y la evolución finales son muy positivas. Me costó mucho adaptarme allí en el Celta porque solo se entrenan en sesiones de una hora de entrenamiento, 60 minutos seas el equipo que seas. No son 60 minutos de tiempo real porque entre que sale un equipo y entra otro es más difícil. Una vez que me adapté, muy bien. Hice muchos vínculos con las infantiles. Éramos un equipo de seis jugadoras de primer año y seis de segundo año. Nos clasificamos para el campeonato de España. Solo perdimos un partido, que fue el de la final. Y con el filial, con el equipo sénior de Nacional, pues muy bien, pero era una dinámica muy complicada porque era un equipo de 18 con una cadete, todo el equipo júnior a mi disposición y 8 séniors. Había muchas realidades distintas. Era complicado. Pero muy contento porque, sumando los dos equipos, cinco jugadoras acabaron en selecciones españolas.

—¿Cómo fue su proceso de inactividad entre el Celta y el Estudiantes?

—Yo soy un tío que intenta tener mucho los pies en la tierra y mi realidad no era normal. No creo que haya muchos entrenadores en España que con 26 años ascendiesen a ACB como tuve la suerte de vivir yo. Entonces, también era consciente de que en algún momento me tocaría vivir esto. Al principio, lo llevé bien porque tenía cuestiones de formación de entrenadores. Me dediqué mucho y me sigo dedicando a la formación de entrenadores. Voy a sacar ahora un curso en línea y dirijo un máster que todavía está en creación, se está terminando un máster internacional que se va a publicar en 14 idiomas. Es un proyecto muy chulo y yo soy el director. Tuve varias opciones para entrenar. Sobre todo, estuve a punto de irme a Escocia y el club se echó atrás a los diez días de llamarme. Echaba mucho de menos entrenar. Cada vez empezaba a llevarlo peor con el paso del tiempo. Te falta algo. Soy mucho de entrenar, de estar en la pista. Y, de repente, cuando no me esperaba entrenar esta temporada me apareció esta oportunidad del Movistar Estudiantes.

—¿Cómo surge la opción del Estudiantes?

—Tienes que estar un poco en el momento justo en el sitio adecuado. Cuando Pedro Rivero sale, yo sospechaba que Alberto Antuña iba a salir también con él. Mi agente da mi nombre en el club y, además, hay dos o tres personas que le hablan bien de mí a Natxo Lezkano. Natxo decidió darme la oportunidad. Supongo que tiene su componente de suerte y su componente de que algo bien habré hecho a lo largo de estos años para que alguien me elija en una plaza en la que seguro que había muchísimas solicitudes para entrar y me lleve yo la oportunidad con 29 años. Fue un lujo y muy agradecido a todo el mundo que le habló bien de mí a Natxo, a mi agente, al club y a Natxo, por supuesto, por haberme dado la oportunidad.

—¿Usted conocía a Natxo Lezkano previamente?

—No. Cuando Natxo está en Lugo yo estoy en Asturias. Tenemos personas en común. Eduardo Pascual más o menos nos conoce a los dos. También Eduardo Valín. Tanto Natxo como yo tenemos muy buena relación con Edu Valín. Eso ayudó. Creo que al final Natxo también llama a (Diego Epifanio) Epi para preguntarle.

—¿Cómo es Natxo Lezkano como entrenador? ¿Cómo es la relación con él de segundo a primer entrenador?

—Natxo es muy exigente. Es un currante, súper trabajador, está 24 horas pensando en baloncesto, en cómo puede ayudar al equipo, en cómo puede mejorarlo, está pendiente de cada detalle y eso es muy bueno porque, una vez que te sumas a esa dinámica, tú también estás pendiente. Es un tío que escucha, es muy inteligente, tiene su baloncesto como tenemos todos. Un error que cometemos muchas veces los segundos entrenadores es irle al primer entrenador con cuestiones de tu baloncesto. Entonces, tú tienes que conocer primeramente el baloncesto del primer entrenador y, desde el baloncesto del primer entrenador, intentar ayudarle y ayudar al equipo. Y alguna vez pues sí dar una pincelada que a lo mejor creas que desde tu baloncesto puedes adaptar al baloncesto del primer entrenador, pero lo primero es intentar jugar todos en la misma línea.

—¿Cómo valora el resultado de la temporada?

—A pesar de que el resultado final no fue excelente tampoco diría que es malo porque ganamos un play-off por 3-0 y en una Final Four puede pasar cualquier cosa, tanto en Primera FEB como en Euroliga como en cualquier competición. Hicimos un buen trabajo en el tiempo que estuvimos, que fueron menos de tres meses. El equipo cambió.

—¿En qué facetas delegaba Natxo Lezkano?

—Muchas cuestiones. No solo en mí, éramos dos ayudantes. A mí tampoco me gusta especialmente hacer una distinción entre segundo y tercer entrenador, salvo cuando a lo mejor hay un entrenador que no viaje o que no está el mismo tiempo en la disciplina del equipo. En este caso, Manu (Gil) ya llevaba toda la temporada trabajando con el equipo. Entonces, su peso se incrementó bastante. Natxo es un entrenador que delega mucho en los ayudantes, ya no solo a nivel de scouting, sino que te va a escuchar en el partido, en la semana, en el día a día. Me sentí muy a gusto. Todo el peso del scouting era nuestro, toda esa preparación de partido, esa parte de destruir al rival era 100% nuestra responsabilidad.

—¿Cómo fue reencontrarse con Christian Díaz, con el que ya coincidió en el Breogán 2019-2020?

—Lo quiero un montón. Siempre mantuvimos una relación muy estrecha y de cuando en vez hablábamos, nos preguntábamos qué tal y esas cuestiones. Me hizo mucha ilusión volver a trabajar con él. Además, en la temporada que Polli (Christian) y yo estamos en Lugo llega la pandemia, se corta todo y fue todo muy raro, muy frío. Con Christian muy bien en el Estudiantes. También tuve el reencuentro con Devin Schmidt, que lo tuve en Cáceres. Fue muy bueno trabajar con ellos otra vez. Me encontré un grupo increíble.

—¿Cómo es estar en el banquillo local del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid (Movistar Arena)?

—Bien, ya había ido de rival, había estado del otro lado, pero cuando el Movistar Arena se convierte en tu casa es una maravilla. Es un pabellón muy grande. Quizás para la situación del club ahora mismo es demasiado grande. Es verdad que en play-off metimos casi once mil personas y el pabellón no daba la sensación de calidez que puede dar un pabellón un poco más pequeño. Es un pabellón muy largo, las gradas son muy planas. Tiene sus cosas buenas y no tan buenas. Las instalaciones, eso sí, son una pasada y el club era un lujo.

—¿Por dónde pasa su futuro? ¿En qué momento está?

—Tengo mucha hambre de poder seguir. No sé si mis años como ayudante van a ser muchos. Me gustaría también emprender un poco mi carrera como primer entrenador, pero eso tampoco lo decido yo. Puedo ser un mejor primer entrenador de lo que soy como ayudante, pero eso no quiere decir que como ayudante no esté encantado de estar en un club como cuando estuve en el Breogán o ahora en el Movistar Estudiantes. También los dos años de Cáceres los recuerdo con un cariño increíble, sobre todo el primero. Cuando salí del Estudiantes, la gente me preguntaba qué tal estaba, alguno de hecho me decía «lo siento» antes de decirme «hola» como si se me hubiese muerto alguien, pero tampoco tienes mucho tiempo a quedarte llorando por nada. Simplemente es una decisión que tú no puedes controlar. A mí me habría gustado quedarme, sobre todo ya no solo por el club, que también, sino porque yo personalmente estaba muy contento y me sentía un poco en deuda con el club por estar tres meses y tenerlo tan cerco. Así se lo transmití al club. El club quiso tomar otra decisión. A seguir. Ahora, tanto mis agentes como yo estamos intentando encontrar alguien que nos quiera y poder seguir trabajando.

—El Breogán ha fichado al escolta Francis Alonso, al que ha entrenado en el Estudiantes. ¿Qué destaca de Francis Alonso a nivel técnico, físico y táctico?

—Francis es un gran tirador, un jugador con buena capacidad anotadora e inteligente en la lectura del bloqueo indirecto. Es uno de esos jugadores que no fallan cada vez que tienen medio segundo para tirar.

—¿Cómo es Francis Alonso como profesional y como compañero?

—Es un jugador muy entrenable, un gran profesional con buena ética de trabajo. Es un tirador muy metódico en cuanto a su trabajo extra. Es un chico maravilloso, todo el mundo lo querría en su vestuario.

—¿Cuáles eran los jugadores más entrenables del Estudiantes?

—Todos. Yo le dije a Jayson (Granger) que cuando llegué al equipo yo tenía la percepción desde fuera que el grupo tenía, no carencias, pero sí que a lo mejor no era un grupo tan fuerte. Pensé que el grupo iba a ser peor. Una vez que entré vi que era el mejor grupo humano en el que estuve con mucha diferencia. De hecho, hay jugadores de perfiles muy diferentes. Hay jugadores como Jayson (Granger) como Patricio Garino o Dejan Kravic que están acostumbrados al primerísimo nivel. El Pato ha jugado en la NBA. Jayson ha jugado la Euroliga toda su vida. Dejan jugaba su primera temporada en Primera FEB. También teníamos gente muy del club como Héctor Alderete o Adams Sola. Eran perfiles muy distintos, pero a nivel humano eran increíbles y había un ambiente siempre brutal. El grupo era súper trabajador, era súper entrenable. Nunca ha habido una mala cara. Y fíjate que te voy a decir que cuando tú entras en un equipo a mitad de temporada porque echan al entrenador eso supone que el equipo no está en buenas condiciones a nivel clasificatorio y deportivo, pero en este caso fue un cambio muy grande porque entras, pero es que vas segundo con una racha de siete victorias consecutivas. Entonces, Natxo y yo tuvimos que demostrar un extra de por qué estábamos ahí, de por qué el club nos había elegido a nosotros y no a los que estaban, que les habían llevado a ser segundos con siete victorias seguidas. Entonces, el jugador pasa por un proceso más fuerte de lo natural. Personalmente, me acogieron de cine. Jayson claramente es el líder del equipo y es maravilloso tanto dentro como fuera de la pista. Es un diez. Desde el club me cuidaron un montón, el «staff», la gente del club, todos muy bien.