LA TRIBUNA | O |
07 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EN SARRIA, ahora que parece que estamos llamados a grandes reformas urbanísticas, observamos con estupor que las pequeñas obras, tal vez por un defecto de percepción óptica, quedan en el más absoluto de los olvidos. Tal es el caso de los bordillos de muchas aceras y de algún que otro baldosín que cuarteado o despegado provoca no pocos traspiés. Son estos pequeños detalles, lo inmediato, lo que más llama la atención a los ciudadanos, porque con buen tino piensan que antes que lo grande mejor empezar por lo pequeño. En el cruce de la Ciguñeira, centro neurálgico de la villa, puede observarse lo que aquí se reseña y no digamos en calles como la de Diego Pazos, donde las acertas han sido parcheadas en múltiples ocasiones. La imagen de un pueblo se mide muchas veces por minucias de este tipo y no tanto por aparatosas fuentes colocadas en lugares estratégicos. Mejor observar un buen asfaltado, unas buenas aceras que no la pulcritud de unas zonas contiguas al abandono de otras. Y esto lo decimos por el Campo del Río, justo al lado del Malecón, que a la espera de futuros proyectos, permanece como imagen gráfica de permanente desidia.