Un número un tanto rechazado porque las papeletas tenían recargo

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS VILALBA / LA VOZ

VILALBA

Numerosos negocios de la parroquia vendieron participaciones que desembocaron en una gran fiesta

28 dic 2023 . Actualizado a las 18:31 h.

Hay quien compra un número porque le gusta la terminación, porque lo asocia con una fecha, porque le ha traído suerte... Los ritos que se siguen al escoger un número para el sorteo navideño de Lotería Nacional son muchos y variopintos, pero 40 años atrás la cuestión era más sencilla y prosaica: se gastaba lo que se podía dentro de unas posibilidades económicas que no eran las de hoy.

Una parroquia como Santaballa no se apartaba de ese esquema. El número 49.764 se vendió en papeletas (costaban 50, y se jugaban 40 porque 10 eran a beneficio del Club Deportivo Santaballés) más que en décimos. Los décimos costaban entonces 1.000 pesetas: «Moito diñeiro», asegura Ramón Rodríguez, uno de los santaballeses a los que la fortuna sonrió en 1976. «Non houbo queixa; podíame tocar máis», dice.

Hubo quien de entrada se mostró remiso a comprar lotería asumiendo que el 25% del dinero iría a parar al equipo de fútbol y no se jugaría. Pero esas reticencias se vencieron, y el número fue encontrando compradores. Una parte se devolvió a Lugo, lo que propició que se distribuyese en la capital de la provincia, en donde también se notaron los efectos de aquel tremendo chaparrón de dinero.

Se dice, como recuerdan vecinos agraciados entonces, que el premio estuvo bastante repartido. También estuvieron repartidos los puntos de venta, pues fueron varios los lugares de Santaballa en donde se vendió: el Restaurante Carrizo, hoy cerrado, es quizá el más conocido fuera de la parroquia; pero además despacharon participaciones del 49.764 negocios entonces abiertos como el Bar Crisanto, el Bar Rincón, el Bar Remigio, la Casa da Zapateira o el establecimiento de Andrés Arias, igual que la Cooperativa do Campo de Santaballa.

Todos ellos tenían una característica común, estar situados junto a la carretera de As Pontes y Ferrol y de Viveiro, hoy denominada oficialmente LU-861. La cercanía con esas localidades favoreció que el premio gordo no se notase solo en Santaballa, aunque hay además otro detalle que explica la facilidad con la que se vendió en algunos lugares: los sueldos de la central térmica de As Pontes sobresalían frente a otros y daban a los empleados un mayor poder adquisitivo. Pero hasta en A Coruña y en Madrid se celebró ese gordo porque llegaron participaciones y décimos.

Otra característica del premio es que fue madrugador. Antes de las 10 de la mañana ya se sabía cuál era el número del gordo, lo que generó variadísimas reacciones. Por un lado, Antonio Domínguez, párroco entonces y depositario del número, estaba en Madrid, y solo la segunda vez que oyó el número, viajando en un taxi, se dio cuenta de que era el suyo. Por otro, a buena parte de las casas de Santaballa empezaron a tener, ya por la mañana, inesperadas visitas: eran responsables de entidades bancarias de Vilalba, interesados en llevar los boletos agraciados a sus oficinas.

Pero la fiesta total fue la que se montó en el citado Restaurante Carrizo, en donde los licores corrieron en abundancia tras conocerse que una abundantísima lluvia de millones había descargado sobre la parroquia: no faltaron el champán, el vino y la sidra para festejar el cordialísimo guiño de la fortuna.

Responsables de oficinas bancarias se acercaron nada más conocerse la buena noticia

Un golpe de suerte que aumentó la afición en años posteriores

La venta de lotería era en los años 70 un fenómeno más reducido que hoy, más presente en las zonas urbanas que en las rurales. Una parroquia como la de Santaballa no suponía una excepción, aunque el gordo de hace 40 años sí ayudó a cambiar la tendencia: «Traías un número e voaba», recuerda el sacerdote Antonio Domínguez, párroco en 1976, sobre la afición que se creó en años posteriores. Sin embargo, el ansia por comprar lotería no tuvo continuidad en cuanto a premios cosechados.

El 49.764, que hizo historia en Santaballa, no se volvió a jugar más. Sí quedó, no obstante, una pequeña carencia por esa cifra que trajo tanta suerte, puesto que en años posteriores se jugaron números que tienen la terminación en 4, igual que el del gordo de hace 40 años.

Un vecino celebró el gordo el día de su cumpleaños

Eladio Millor cumple 82 años pasado mañana. El cumpleaños de 1976 fue especial, ya que coincidió con un premio gordo en la parroquia del que le tocó una parte. Otro detalles curioso que cuenta es que fue uno de los primeros vecinos en hacerse con una participación: «Collín dúas papeletas e non lles fixen máis caso», comenta. El día del sorteo sí les prestó un poco de atención, pues supo que le habían tocado 600.000 pesetas.