EN TINTA CHINA CÉSAR CASAL Sus letras son como los chistes de El Roto. Él es puro desgarro. Su garganta quema aguardiente de muchos grados. Consecuencia: su voz es puro orujo, del que levanta a un muerto. Cuando canta parece que está estrangulando a la chica que se fue con el amigo guapo. Se retuerce en el dolor, casi como si le gustase (...)
12 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Sus letras son como los chistes de El Roto. Él es puro desgarro. Su garganta quema aguardiente de muchos grados. Consecuencia: su voz es puro orujo, del que levanta a un muerto. Cuando canta parece que está estrangulando a la chica que se fue con el amigo guapo. Se retuerce en el dolor, casi como si le gustase. Su música es puro divorcio mestizo, un poco de rock, unos toques acústicos, unos pasitos rumbosos o lo que se le venga al dedo. Es el Lou Reed de nuestro patio particular, con la noche, la ciudad y su lado salvaje. Pero Sabina, además, es un tipo listo. Siempre ha sabido frenar a tiempo. Yo me quedo con Antonio Vega y su chica de ayer o con Enrique Urquijo y su nombre escrito ya para siempre sobre un vidrio mojado. Me vale este Sabina con sus quinientas noches. Me valen sus frases de canalla profesional, de trilero con mucho oficio: «El amor es una mentira fantástica». Esas frases que hace música y que proclaman que «la única fiel es la noche».