CÉSAR CASAL VIAGRA DEL ORZÁN
28 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Esto es un atasco, aunque bien podía ser un atraco. Me conozco el asunto. Calle cortada, zona en obras, tráfico denso en Alfonso Molina, vuelva usted mañana. Por supuesto que comprendo que las mejoras traen molestias. Me lo dijo el alcalde. Pero ¿tiene explicación el fenómeno paranormal de que una calle la hayan abierto en canal hasta tres veces por distintos motivos? Ya saben: gas, cable o ¿excavaciones arqueológicas en busca de los agentes Scully o Mulder? Sucedió en Os Castros, pero seguro que nuestro buzón del lector se llena de ejemplos clónicos en otras zonas de la ciudad. Hay un filme, más bien malo, Un día de furia, en el que Michael Douglas hace de un tipo que se cabrea en un atasco y decide empezar a tiros con media humanidad. No es mi caso, todavía. Pero tanta obra sacaría de sus casillas hasta al propio Iker (otro gallo francés cantaría si Camacho hubiese apostado por el chaval). Los atascos son como los medicamentos. Tienen un montón de efectos secundarios (daños colaterales, según la OTAN). Es imposible tener el coche limpio. Por lo tanto, me declaro insumiso total. Jamás lavaré el coche hasta que no cierren todas las trincheras. Sí, soy el del coche oscuro que está a tu lado en este atasco. Además soy el que tiene el parabrisas roto por culpa de dos chinas (nada que ver con el país que acaba de visitar Aznar ni con la relajación del hachís) que impactaron en mi cristal. Dicen que el seguro lo cubre. Muy bien. Pero el coche al taller. Casi estaba mejor en el atasco. Menos mal que soy un sujeto activo. Llevo periódicos, música, la radio y un par de libros. No es mucho. He visto a vecinos de atasco, de los que no matan el tiempo con la zona erógena preferida de Íñigo _el de Gran hermano_ la nariz, que llevan ordenadores portátiles, móvil y hasta ¡un secador de pelo! (como lo leen). Hasta el próximo atasco.