CINE / Miguel Anxo Fernández
02 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Alguien ha querido ver en Bruce Willis al perfecto compañero para actores infantiles (Schwarzenegger sería el otro, pero de eso hace tiempo). A la discreta Al rojo vivo y la más memorable El sexto sentido, le añaden ahora El chico, que siendo generosos la colocaremos entre ambos aunque marcando distancias. La primera señal de alarma procede de su origen Disney, que en lo formal no admite reparo pero en lo ideológico quizá escora demasiado hacia la moralina en bruto. La segunda está en haber encomendado el asunto a un director de tan limitada solvencia como Jon Turteltaub, cuya filmografía es de las que si te he visto no me acuerdo. Por último, la tercera está en la historia, una de esas tramas imposibles que sin embargo Hollywood sabe convertir en asumibles aunque finalmente te haga dudar sobre tu propia capacidad de inteligencia. Tenemos a un arisco cuarentón asesor de imagen, que un día regresa a su casa y se encuentra con un crío que resulta ser el mismo cuando tenía ocho años. Como el ángel que llega para encauzarle la vida y curarle la acidez de estómago. A partir de ahí las situaciones se suceden con la intención de llegar hasta un desenlace que una vez más juega con el elemento sobrenatural o casi. Su eficacia narrativa es incuestionable pero su extremada inverosimilitud y el nulo interés por parte del director de introducir al espectador por los caminos de la fantasía (en El sexto sentido ocurría todo lo contrario), hace que la película se limite a un pasatiempo más. Por supuesto que hay gags y por supuesto que el crío es la leche de espabilado, pero eso no basta para lograr el pleno.