LA GLOBALIZACIÓN DE LA POBREZA

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

05 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Comienza hoy en Nueva York la Cumbre del Milenio de la ONU, que va a reunir en un acontecimiento nunca visto a 155 jefes de Estado. Los dos ejes del encuentro caminan por la reforma de la propia organización anfitriona del acto y en la fijación de los cauces del desarrollo del nuevo siglo. La cumbre ha sido escrupulosamente organizada por Kofi Annan, que en su informe afirma que la globalización permite un crecimiento económico extraordinario y ofrece oportunidades a todo el planeta, aunque hace notar que la riqueza se distribuye de forma cada vez más desigual, instando a los países ricos a fijar metas para reducir la pobreza extrema. Las propuestas de Annan reflejan sus buenas intenciones. Sin embargo, en mi opinión, la globalización no es en sí misma ni buena ni mala noticia, y el proceso, tal como se está desarrollando, supone un aumento de las desigualdades, de los conflictos, los antagonismos sociales y problemas de toda índole. La riqueza no se está distribuyendo, sino que, al contrario, podríamos decir que lo que va en aumento y se distribuye es la pobreza, no causando pudor el dato de que 1.200 millones de personas sobreviven con menos de un dólar diario. Quizás por eso el diagnóstico más adecuado sea el afirmar que en esta época de nueva economía, la riqueza se concentra de más en más en los países del primer mundo y la pobreza se instala de forma inexorable entre un mayor número de personas. Pero el aliviar y/o solucionar ese problema de pobreza (hambre y enfermedad), tan distante para nosotros como cierto para los que la sufren, exige por parte de los países ricos el comprometerse y reponsabilizarse. Y eso es lo que desgraciadamente no creo que ocurra en la Cumbre del Milenio. Buenas intenciones, grandes discursos, diplomacia de lo urgente (Oriente Medio, préstamos a Rusia, relaciones comerciales con China...) o propuestas de reforma de la ONU y respuestas a sus problemas financieros. Estos últimos temas se abordarán en detalle. Del hambre, palabras, porque comprometerse seriamente exige aceptar el problema como algo propio, y los países del primer mundo, atareados con las nuevas tecnologías, no están dispuestos a hacerlo. La pobreza en el nuevo siglo seguirá siendo para nosotros un espectáculo televisivo, que a fuerza de su reiteración no pasará de trivial. Una pena, porque al final el resultado puede ser que la reunión se convierta en una aglomeración en detrimento del tráfico neoyorquino.