LA ÉTICA DE LA TIERRA

La Voz

OPINIÓN

LA ESCENA GALLEGA / Juan Carlos Martínez

25 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Galicia es, desde ayer, sede del I Congreso Ibérico de Ecología. ¿A qué se debe la elección de esta comunidad como sede? ¿A que Galicia no está muy deteriorada? Tal vez. Lo cierto es que, en la primera sesión, uno de los expertos portugueses clamó en público para recordar que los ecologistas allí presentes no son fundamentalistas, sino ciudadanos con información científica suficiente, a los que debe hacerse caso. El deterioro del medio ambiente y los riesgos que comporta ya no son cuestión de creencia, son hechos comprobables. Otra cosa son los costes de la conservación. En atención a ellos, muchas veces los dirigentes políticos _ya se sabe, trabajan con lo posible_ condenan a los conservacionistas. Pero éstos tienen argumentos y tienen futuro; son los primeros en aplicarse la nueva ética de la que habló Aldo Leopold. Su obra clásica se acaba de editar en Los Libros de la Catarata bajo el título Una ética de la tierra. Dice Leopold: «Estamos remodelando la Alhambra con una excavadora y todavía nos sentimos orgullosos de lo finos que somos al medir. Es muy difícil renunciar a la excavadora, que, después de todo, tiene muchos aspectos positivos, pero necesitamos criterios más delicados y objetivos para su utilización provechosa».