CINCO HOMBRES SOLOS

La Voz

OPINIÓN

LOIS BLANCO LÍNEAS SECUNDARIAS

28 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Quienes debieran de ser unos maestros en congresos a la búlgara tienen a su militancia en vilo durante todo un fin de semana para conocer el nombre del sucesor del Califa. El resultado incierto del partido constituye el único atractivo para que desde Galicia se mire de reojo a Madrid. Izquierda Unida atraviesa en la comunidad autónoma uno de los momentos más críticos de un proceso de descomposición que se aventura irremediable. Sólo comunidades minúsculas como Cantabria o La Rioja aportan a la asamblea de la formación menos delegados que los trece que cruzaron Pedrafita hacia la capital. El poder gallego en la formación nacional fue siempre escaso, pero se quedó reducido al peso de cuatro cenizas cuando Anxo Guerreiro decidió, allá por las autonómicas del 97, fletar su propia aventura política con nueva bandera. Los apoyos con los que se quedó IU fueron los que dan trece mil votos. Hace menos de un año, recibieron otro varapalo: obtuvieron siete concejales en toda Galicia. Para más inri, dos de ellos se alían en A Guarda con las fuerzas capitalistas (PP) y expulsan de ese gobierno municipal pontevedrés a socialistas y nacionalistas. A IU le quedan cinco concejales en las cuatro provincias; cinco hombres solos. A los gallegos, a pesar de trabajar durante siglos con hoz y martillo, el partido comunista nunca les encandiló en exceso. Ni siquiera en los primeros escarceos democráticos, cuando Carrillo todavía se sacudía los pelos de la peluca con la que entró ilegalmente en España. Sin embargo, el gran enemigo del Partido Comunista en su día y de IU ahora no es que Galicia sea un bastión de las sociedades occidentales conservadoras y católicas, sino el nacionalismo. Desde los albores de la democracia, la formación que durante los últimos años dirigió Julio Anguita no levantó el vuelo en el noroeste peninsular. La combinación de tesis nacionalistas con el marxismo que hizo la Unión do Povo Galego _también este fin de semana de congreso_ dejó a los que en su día dirigió el egregio Carrillo con un pie fuera del tiesto.