GUILLERMO PARDO
29 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Tertulia radiofónica matinal. Los participantes, entre los que hay varias mujeres, pontifican sobre la situación política, el IPC, el cloruro de potasio, la productividad del guano de las Galápagos... Resuelta la guerra en Oriente Medio, trazada la nueva línea de cejas de la novíssima Sara Montiel y perfilado el futuro hit parade de la sin par Tamara, el estudio queda sumido en un breve silencio complaciente, extático. Roto el hechizo de tan satisfactorio momento, el moderador entrevista a la esposa de un oficial de un submarino de la fuerza naval española. En medio de una de sus respuestas, la dama dice que su marido ha enrolado, de acuerdo con sus atribuciones, a dos marineras como miembros de la tripulación... Después de las primeras bromas e insinuaciones sobre la mezcla de sexos en habitáculos tan estrechos y «oscuros», los tertulianos expresan su sorpresa y lanzan exclamaciones de general aprobación rayanas con el absurdo: «¡Anda, mira tú!» «Qué bien, ¿no?» «¡Dos mujeres en un submarino!». Bueno, ¿y qué pasa?