GONZALO OCAMPO
06 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Siendo el tráfico noticia diaria, se suman esta semana a lo ordinario hasta tres novedades. Está, de una parte, la aprobación parlamentaria para la modificación -importante- que afectará a la Ley de Seguridad Vial en puntos fundamentales a los que se había referido este periódico en semanas anteriores. Las otras dos noticias se solapan, tal vez con intención. Horas atrás habrá comenzado uno de los grandes éxodos anuales de automóviles, el que corresponde a la Semana Santa; en la mayoría de carreteras españolas de primer rango crecerán las intensidades habituales de tráfico y, con ellas, las dificultades para la fluidez; lamentablemente, esa especie de fatalismo que está en la naturaleza del propio tráfico hará que los accidentes con víctimas se cuenten con cifras abultadas, a costa de los cuidados de muchos y quizá porque un cierto número de conductores son incapaces de aceptar las reglas del juego, las que consisten en atender a unas cuantas normas que traducen elementales mandatos. Y es en este punto, precisamente, en el que incide la tercera de las noticias, la campaña divulgativa institucional del año que corre para la prevención de accidentes en la red viaria; en los aspectos visuales de esa campaña, vuelven las imágenes duras, sin reparos, la gran violencia física que el hombre desencadena en tantos accidentes como los que quiebran vidas y generan gravísimas lesiones. Es la otra cara del progreso, el fruto de la creatividad que se vuelve contra el propio hombre; en la campaña en cuestión, las tragedias del tráfico están frente al espejo. El mensaje es corto pero nítido y apto, invita singularmente a cumplir las normas; cierto que la misma falibilidad humana hace inteligible el accidente, pero no es dudoso que la pretendida obediencia tanto reduciría el número de accidentes como la entidad de sus consecuencias.