EL PP APRENDE A MATIZAR

La Voz

OPINIÓN

PEDRO ALTARES

21 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Las discrepancias, aunque sean de matiz, no le sientan bien al Partido Popular, que entiende que todo lo que no sea pura adhesión es deslealtad. El PSOE tiene un papel muy difícil en el País Vasco. Por un lado ha firmado el pacto antiterrorista, pero por otro es obvio que su visión sobre el papel del nacionalismo democrático en el futuro de Euskadi es distinto al que tienen los populares. Y no sólo por razones históricas sino también por una estratégica, de modo que es lógico que busque la diferenciación con el mensaje de un PP que niega el pan y la sal al PNV. «Para apostar por una copia, mejor hacerlo por el original» se oye decir en algunos circuitos tradicionalmente votantes de los socialistas. Para marcar esas diferencias el PSOE, por ejemplo, ha hecho saber que no está de acuerdo con el tratamiento que la televisión pública está haciendo de la precampaña electoral vasca que, ciertamente, no es un modelo de imparcialidad. Tampoco quiere romper de manera explícita la posibilidad de contar con el PNV en el futuro. Y algunas voces como la de Alfonso Guerra, sin cargo orgánico alguno pero expresión del sentir de un amplio sector de su partido, se ha pronunciado por un gobierno tripartito de concentración entre el PP, el PSOE y el PNV. No parece, sin embargo, que esa vaya a ser la propuesta de Rodríguez Zapatero en los mítines programados en la campaña para apoyar a Nicolás Redondo. El secretario de los socialistas va a seguir apostando por el diálogo ente todos los demócratas, lejos de la línea de dureza sin concesiones que postula el PP y que según el PSOE lleva inexorablemente a la fractura social en la sociedad vasca. Pero no va a dar un paso más allá. ¿Será suficiente esta moderación para marcar distancias? Difícil. Entre otras cosas porque el PP ya admite matices y el PNV, al margen de lo que pueda hacer después del día 13 de mayo si entrevé la posibilidad de dejar de gobernar, va a seguir empeñado en su mensaje soberanista y rupturista con las instituciones actuales vascas. La realidad es que en las elecciones los dos bloques, constitucionalistas y nacionalistas, aparecen fuertemente delimitados y sin muchas posibilidades de marcar distancias entre sí y aunque el PSOE intente despegarse de la línea dura que el PP le intenta imponer. Una imposición que no deja de ser un error porque cuanto más se abra el grupo constitucionalista más posibilidades tendrá de ganar electores. El PP tiene que aprender que el uniformismo y los bloques cerrados pueden restar más que sumar. Y que a veces, en política democrática, incluso dentro de la situación del País Vasco, los matices y el marcar distancias resultan imprescindibles. Y todo ello sin perjuicio del acuerdo básico: la recuperación de las libertades.