SANCIONES

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA DE SOL A SOL

01 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Entre las declaraciones más sorprendentes que uno puede leer están las de los dirigentes del régimen talibán afgano. Sin el menor reparo, descalifican las sanciones internacionales por considerar que tienen «un efecto verdaderamente negativo en la gente», pero no afectan «a las autoridades». Así lo ha dicho, por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores, Wakil Ahmad Muttawakil. Más claro, imposible. Lo peor no es la desvergüenza de la afirmación. Lo peor es que es verdad. Y el propio secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha reconocido los efectos adversos (y perversos) de estas sanciones internacionales: porque, en efecto, no hay manera de conseguir que la población civil no sea la principal víctima de ellas. Es una vieja cuestión que sigue pendiente. ¿Qué hacer cuando castigar al tirano supone empeorar la ya desgraciada posición del tiranizado? No se acertó en Irak, ni en Somalia, ni en los Balcanes ni en otros lugares que prefiero no mencionar. Y no se acertará mientras la cabeza de la hidra no sea el objetivo y sienta el peligro. Con los insecticidas que ahora se usan, estas cucarachas no hacen más que engordar. Y reírse.